Sucede así: al haber más desembarcos de cubanos y haitianos, los agentes trabajan más horas. Se movilizan más equipos. Se gastan más recursos. Incluso, corriente eléctrica y combustible.
Según dijeron funcionarios estadounidenses y mexicanos a la agencia, "Estados Unidos planea aceptar hasta 30.000 migrantes por mes de Cuba, Nicaragua, Haití y Venezuela bajo un programa combinado con la expulsión de personas de esos países atrapadas en la frontera entre Estados Unidos y México."
A pesar de lo escandaloso que resulte el asunto, todavía la llegada de balseros inmigrantes, ya sean haitianos o cubanos, a las costas de la Florida se comporta por debajo de la cifra de aquellos que son detenidos en alta mar.
Una habanera denunció recientemente en sus redes sociales que su abuelo había sido enterrado en un ataúd confeccionado con madera y cajas de cerveza cristal.
La Oficina del Fiscal General de Florida, al publicar el Informe de Crímenes de Odio en Florida de 2021 detalla que estos delitos de crímenes de odio "son actos delictivos sin sentido basados en el odio y la parcialidad hacia personas o grupos por motivos de raza, religión, orientación sexual u otras características personales."
Según han dicho, estas multas van desde $ 100 a $ 500 dólares, pero si la persona es reincidente o se pone "belicoso", pudieran ser hasta 60 días en la cárcel.
"Los oficiales de policía emitirán multas civiles de $100 a los primeros infractores y multas de $200 a los segundos infractores dentro de un período de 12 meses," detalla Local 10 News.
Sin en momentos anteriores de esta crisis migratoria y este éxodo silencioso, los cruceros que rescataban a cubanos del mar llamaban a la Guardia Costera y esta venía a recogerlos y a deportarlos a la isla en un santiamén, al menos en dos sucesos recientes los cruceros han llegado al puerto de Miami con los balseros a bordo. Los han entregado a la Patrulla Fronteriza en lugar de los agentes del Séptimo Distrito Naval y la situación ha cambiado totalmente para estos migrantes.
CBC entrevistó a Roice Anne Fox, una de esas turistas canadienses cuyo viaje a Cuba se convirtió en una pesadilla. Foz estuvo durante seis días esperando en el vestibulo de uno de los hoteles en Varadero, Cuba, con su familia; un malestar que otros turistas canadienses como ella, vivieron en otros hoteles, en otros días. Todos esperando lo mismo: un vuelo que los regresase a casa.