La escasez de productos esenciales como café, carne de cerdo y azúcar es palpable. Lo que más hay es apagones. Lo que menos hay es combustible y turistas.
En el colmo de los absurdos y en lugar de detener las ventas de combustible hasta que el problema fuera resuelto, los empleados de la gasolinera continuaron vendiendo la gasolina adulterada, argumentando que tenían un límite permisible de agua en el combustible de hasta 10 litros de agua por cada X cantidad de combustible.