Si Black Mirror hiciera un capítulo sobre Cuba, sin duda podría tratar sobre el delirio de la carrera por la inteligencia artificial en el archipiélago, que ahora aparece nuevamente en el debate como una forma de distribuir de manera más equitativa “los alumbrones”… perdón, quise decir los apagones.
Fue esta semana cuando el siempre ocurrente presidente Miguel Díaz-Canel compartió, en una reunión en la Empresa Eléctrica de La Habana, que las autoridades están trabajando con expertos en tecnología de la Universidad de La Habana para lograr una distribución más equitativa de los apagones entre los distintos municipios capitalinos utilizando esta tecnología.
“En un futuro no lejano, cuando los programas que se diseñan estén disponibles, habrá mayor equidad en la distribución de la corriente, así como mejor capacidad de análisis y control del vital servicio”, fue la nueva promesa que se marcó Canel para “resolver” la crisis energética.
Por supuesto, la idea en papel suena muy bien; pero, en una Cuba que se está cayendo literalmente a pedazos, donde la normalidad del fluido eléctrico (para los más afortunados) roza las 3 horas casi día sí y día no, y donde han tenido que detener hasta la Universidad, ¿es posible?
Vamos a caer en la cuenta de que, desde que la llamada comercialmente IA entró a básicamente todos los aspectos de la sociedad, siempre se ha advertido que es una tecnología no solamente cara, sino que necesita muchísimos recursos naturales para poder aplicarse.
En resumen, automatizar procesos con inteligencia artificial requiere mucha energía eléctrica, consumida principalmente en centros de datos por servidores con chips avanzados. Una sola consulta o tarea compleja gasta hasta 3 vatios-hora, y entrenar un gran modelo requiere megavatios enteros, además de energía extra para enfriar los equipos con agua o aire acondicionado.
Permítaseme la duda, la misma que de seguro a muchos les surgió cuando desde el régimen anunciaron que tenían la capacidad para convertir a Cuba en líder de la vanguardia en IA en América Latina y el Caribe. Pero, ¿con qué recursos? ¿Con los que ya faltan para poder nutrir de fluido eléctrico a los hogares cubanos?
Además, esto no es lo único inquietante dentro de las grandes aspiraciones de Canel por utilizar la IA para gestionar procesos en Cuba, ya que en el anuncio (para sorpresa de nadie) no se dieron plazos concretos ni detalles técnicos sobre cuándo estarán operativos esos programas o, aún más importante, qué parámetros van a seguir.
Esta tecnología puede ser una herramienta extremadamente poderosa y eficiente, pero para poder utilizarla de forma correcta ya se están impulsando leyes en el mundo entero (como el Reglamento de Inteligencia Artificial (Ley de IA) de la Unión Europea) para garantizar que, si van a tocar esta tecnología, estén realmente capacitados para ello.
Además del gasto energético que conlleva, no son menores las consecuencias de una IA mal gestionada. Noticias de filtraciones de datos importantes, espionaje y programas salidos de control son el pan de cada día; y si ponemos ahora en juego la ya poca estabilidad de los hogares cubanos, cuanto menos, resulta peligroso y preocupante.
Por no mencionar que esta promesa, tan grandilocuente como objetivamente poco posible, llega después de que hace unos días el Sistema Eléctrico Nacional colapsara dos veces en menos de 48 horas (el domingo 2 y el lunes 3 de agosto), lo que constituyó el sexto y séptimo apagón nacional del año.
Con todo esto, me resulta muy difícil pensar que a alguien le quepa en la cabeza que, justo ahora y en la situación en la que se encuentra el SEN en Cuba (con la alta demanda eléctrica en la capital, el deterioro de la infraestructura de redes, el déficit de combustible para la generación distribuida, la inestabilidad de las centrales termoeléctricas y el elevado número de transformadores dañados), una mente pensante siquiera considere que este sea el camino a seguir.





