El gobernante Miguel Díaz-Canel reconoció este miércoles la incapacidad de su administración para asegurar la energía mínima requerida por los sistemas de bombeo de agua en La Habana. La declaración trascendió tras una visita oficial al Sistema Cuenca Sur, una vital red de pozos ubicada entre las provincias de Artemisa y Mayabeque que garantiza el suministro a más del 30% de los residentes en la capital.
Durante el recorrido, concebido como parte del seguimiento semanal al plan estatal contra la severa crisis hídrica, el mandatario admitió la gravedad del panorama eléctrico y su impacto directo. «Los de abasto de agua son sistemas inerciales que necesitan de diez a 12 horas de estabilidad energética para poder tener estabilidad en el suministro de agua, y hoy prácticamente no tenemos condiciones para mantener esas horas por mucho que queramos priorizar la energía a estos sistemas», confesó públicamente.
Para justificar las continuas interrupciones en los hogares, detalló las diferencias operativas entre ambos servicios básicos. Según sus palabras: «En una red eléctrica cuando conectas ya tienes la energía servida; pero en un sistema de abasto de agua, si no tienes la energía durante mucho tiempo, energía que dé para que se llenen las conductoras, se puedan habilitar y se sincronicen todos los sistemas de impulsores y rebombeo, no logramos nada».
Ante esta crisis cotidiana que asfixia a las familias cubanas por la combinación de extensos apagones y sequía en los grifos, el dirigente indicó que el escenario actual «implica reinventar todo el sistema de gestión del abasto de agua de la población». A pesar de ser un problema estructural de larga data, el gobierno presentó una estrategia dividida en tres etapas, iniciando a corto plazo con el respaldo de grupos electrógenos para 29 de las casi 70 fuentes de abasto capitalinas inspeccionadas. Las fases posteriores contemplan la integración de la generación distribuida y, finalmente, la instalación de parques solares con sistemas de acumulación.
Las proyecciones oficiales apuntan a que los primeros impactos positivos en dos o tres sistemas principales de La Habana se notarían a finales de septiembre, buscando su consolidación en octubre y la entrada de la alternativa solar para fin de año. Sin embargo, Díaz-Canel se anticipó a posibles retrasos advirtiendo que el cronograma «se puede mover en el tiempo», justificando la demora por las «variables de cómo se maneja la política agresiva del gobierno de Estados Unidos» en lugar de atribuirlo a los problemas internos de gestión e inversión.





