Los apagones, que ya superan las 20 horas diarias en algunas zonas, han trastocado por completo la rutina de los cubanos, que cocinan, cargan sus teléfonos y lavan la ropa cuando la corriente regresa por unos instantes.
Alexey Ríos García despertó el lunes no en su cama de la capital cubana, sino con la brisa del mar y el concreto del malecón de La Habana bajo el cuerpo. Este trabajador de la construcción, de 30 años, terminó acurrucado junto a otros cubanos sobre el muro del célebre paseo marítimo, en un intento desesperado por escapar del calor sofocante del verano durante un nuevo apagón que dejó a oscuras a toda la isla. La escena, recogida por las agencias internacionales, resume la manera en que la crisis energética ha alterado la vida cotidiana de millones de personas.
La colapso del Sistema Electroenergético Nacional la noche del domingo —el sexto de alcance nacional en lo que va de 2026— privó de electricidad, y por tanto de ventiladores y aire acondicionado, a una población que soporta las altas temperaturas del verano caribeño. Ante la imposibilidad de dormir en el interior de las viviendas, muchos habaneros buscaron refugio al aire libre: algunos pasaron la noche a lo largo del malecón, otros descansaron en balcones, portales y aceras, y un grupo se tendió sobre la escalinata de la Universidad de La Habana para aprovechar cualquier corriente de aire.
Más allá del calor nocturno, los apagones han impuesto una reorganización completa de la vida diaria. Con cortes que se prolongan más de 20 horas al día en varias zonas, las familias han tenido que adaptar sus rutinas a los breves intervalos en que regresa la corriente: es entonces cuando corren a cocinar, lavar la ropa, cargar los teléfonos y dispositivos, y conectarse a internet, sin saber cuánto tiempo durará el suministro.
La falta de electricidad arrastra consigo otros problemas encadenados. Las bombas de agua se detienen, lo que agrava la escasez del suministro; los alimentos que las familias guardan con esfuerzo, como el pollo congelado, corren el riesgo de echarse a perder; y los hospitales han tenido que recurrir a la instalación de paneles solares para mantener los servicios esenciales. La escasez de combustible ha dejado además prácticamente paralizado el transporte público en La Habana, de modo que conseguir gas o productos básicos se ha convertido en una tarea que puede consumir un día entero.
Para muchos cubanos, el ciclo interminable de apagones se ha convertido en el rostro más visible del deterioro económico del país. La red eléctrica, sostenida por termoeléctricas con más de cuatro décadas de operación, sufre averías recurrentes agravadas por la falta de combustible y de mantenimiento. El Gobierno atribuye la situación a las sanciones y a las restricciones estadounidenses sobre el suministro de petróleo, mientras que Washington sostiene que los apagones reflejan el fracaso del modelo económico estatal.
El deterioro del sistema eléctrico se produce en paralelo a una crisis más amplia de escasez de alimentos, combustible y medicinas, y a una caída del turismo que ha dejado a muchos cubanos sin fuentes de ingreso. En ese contexto, las noches al raso sobre el malecón se han vuelto una imagen recurrente de un verano que, para buena parte de la población, transcurre entre el calor, la penumbra y la incertidumbre sobre cuándo volverá la luz.
FUENTES
- Reuters (vía US News) — https://www.usnews.com/news/world/articles/2026-08-03/cubas-power-grid-collapses-again-during-restoration-efforts-after-nationwide-blackout
- AP / PBS NewsHour — https://www.pbs.org/newshour/world/cubans-seek-relief-from-crippling-blackouts-and-summer-heat
- CNN — https://www.cnn.com/2026/08/03/americas/cuba-blackout-electrical-grid-collapse-intl-hnk
- News Talk WBAP (alerta de la embajada de EE.UU.) — https://www.wbap.com/2026/08/04/cuba-power-grid-collapses-again-us-travelers-face-blackouts-and-communication-outages/


