El jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, viajó este fin de semana a Villa Clara para comprobar sobre el terreno el avance de la distribución de la ayuda humanitaria que Washington está canalizando a través de la Iglesia católica, en un programa diseñado para hacer llegar alimentos y artículos básicos directamente a familias vulnerables.
Durante su estancia en Santa Clara, Hammer se reunió con monseñor Arturo González Amador, obispo de la diócesis, y con Vanesa Hernández Toledo, directora de Cáritas Santa Clara, además de voluntarios involucrados en el reparto.
“Siempre un placer encontrarme con el Monseñor Arturo y ver cómo podemos cooperar con la Iglesia para el bien del pueblo cubano”, señaló el diplomático, según una publicación de la Embajada estadounidense.
La visita ocurre después de que un avión con asistencia estadounidense aterrizara en el aeropuerto internacional Abel Santamaría de Santa Clara. El cargamento contiene 700 kits de alimentos y otros 700 de productos de higiene destinados inicialmente a familias de Quemado de Güines y Rancho Veloz.
La operación forma parte del programa de 100 millones de dólares en asistencia humanitaria anunciado por Estados Unidos para Cuba, que contempla utilizar a la Iglesia católica y otras organizaciones para evitar que los recursos sean administrados directamente por el Gobierno cubano.
Cáritas admite que la ayuda no alcanza para todos
El propio obispo González Amador advirtió antes de comenzar el reparto que las cantidades recibidas son insuficientes frente a las necesidades existentes en la región.
“Solo podremos socorrer a los casos más urgentes y a las situaciones más dolorosas”, explicó el religioso, que recalcó que se trata de ayuda de emergencia y no de un programa permanente de asistencia social.
La selección de beneficiarios se realiza mediante equipos parroquiales y voluntarios de Cáritas, que visitan los hogares y priorizan casos de especial vulnerabilidad, entre ellos adultos mayores que viven solos, personas con discapacidad o dependientes, embarazadas y madres lactantes, así como familias con niños pequeños.
Hammer conversó durante su visita con voluntarias que habían participado un día antes en el reparto en Quemado de Güines y les agradeció el trabajo realizado.
El protagonismo de Cáritas en estas operaciones no es nuevo. La organización religiosa ya ha participado en la distribución de cargamentos humanitarios destinados a centenares de familias cubanas, mediante suministros canalizados por Catholic Relief Services.
Washington ha destinado 60 millones de dólares del nuevo programa a una operación gestionada a través de Catholic Relief Services, Cáritas y la Iglesia católica, mientras otros 40 millones serían canalizados mediante organizaciones no gubernamentales consideradas confiables.
La cooperación entre Hammer y la jerarquía católica cubana se venía preparando desde meses atrás. En junio, el diplomático se reunió con representantes de la Iglesia católica para abordar precisamente la distribución de los 100 millones de dólares ofrecidos por Washington.
La cifra no significa que Cáritas haya recibido 60 millones de dólares en efectivo. El monto incluye el valor de los productos adquiridos y los gastos asociados con la operación logística destinada a hacerlos llegar a la población.
Washington intenta mantener al Gobierno fuera del reparto
Uno de los aspectos centrales del programa es precisamente el modelo de distribución escogido por Estados Unidos.
Los suministros son entregados mediante Catholic Relief Services, Cáritas y redes parroquiales, una fórmula que Washington ha defendido como una manera de impedir que el Gobierno cubano controle o desvíe los recursos.
Las primeras entregas de esta nueva etapa comenzaron con cargamentos de alimentos y artículos de higiene destinados directamente a familias cubanas. Hammer también ha visitado comunidades beneficiadas para comprobar personalmente el funcionamiento del mecanismo.
La escala en Villa Clara muestra ahora la expansión de esas operaciones hacia otros territorios del país. La semana pasada, Hammer estuvo además en Washington, donde informó en el Congreso sobre los avances del plan de asistencia humanitaria para Cuba y reiteró la intención estadounidense de distribuir los recursos mediante organizaciones consideradas confiables.
Días antes, el jefe de misión había sostenido otro encuentro de alto nivel en Estados Unidos. Hammer se reunió con el secretario de Estado Marco Rubio para abordar la situación de Cuba y el reparto de la ayuda, en medio de la estrategia de Washington de incrementar sus contactos directos con distintos sectores de la sociedad cubana.
La visita a Villa Clara ocurre en un momento en que la profundidad de la crisis económica cubana hace que incluso los responsables de distribuir la asistencia reconozcan que los suministros disponibles apenas cubren una fracción de las necesidades.
En Villa Clara, el mensaje de la Iglesia ha sido especialmente claro: la ayuda puede aliviar temporalmente la situación de cientos de familias, pero resulta insuficiente frente a una emergencia que afecta a una población mucho mayor.

