El jefe de Misión de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, realizó una visita de trabajo al Congreso estadounidense para evaluar la actual situación de la isla y detallar los avances del plan de la Administración Trump destinado a entregar 100 millones de dólares en ayuda humanitaria. Durante su recorrido por el Capitolio, el diplomático estuvo escoltado por funcionarios del Departamento de Estado, según confirmó este miércoles la embajada estadounidense en sus redes sociales.
La sede diplomática hizo especial énfasis en «la distribución de $100 millones en asistencia humanitaria a través de organizaciones confiables». Esta comparecencia legislativa se produce a poco más de una semana de que Hammer sostuviera un encuentro clave con el secretario de Estado, Marco Rubio, para actualizarlo sobre el progreso de esta iniciativa. En dicha reunión, ambos líderes reafirmaron el compromiso de canalizar los recursos a través de instituciones seguras como Cáritas, reiterando el respaldo norteamericano a la aspiración ciudadana de «vivir en libertad y con dignidad».
El ambicioso paquete, anunciado por Rubio el pasado mes de mayo, opera bajo un mecanismo que excluye por completo la intermediación del gobierno cubano. Del total de los fondos, 60 millones de dólares se están gestionando mediante la Iglesia Católica, mientras que los 40 millones restantes fluyen a través de organizaciones no gubernamentales. Las primeras entregas se concretaron en julio con un envío desde Miami hacia La Habana que incluyó 700 módulos de alimentos y 700 kits de higiene, cuya repartición recayó en Catholic Relief Services, Cáritas Cuba y diversas redes católicas.
Fiel a su estilo de mantener un contacto directo y desarrollar una agenda «con cubanos de a pie», Hammer no se ha limitado al trabajo de oficina y ha acudido al terreno para constatar la efectividad del programa. A principios de agosto, el jefe de Misión se trasladó al municipio de Bejucal para dialogar con los voluntarios de Cáritas y las personas beneficiadas. Su recorrido de supervisión incluyó también la localidad de Alquízar, en Artemisa, donde verificó personalmente que los artículos de primera necesidad están llegando a las manos de las familias más vulnerables.





