Dieciocho toneladas de alimentos y kits de higiene aterrizaron en el Aeropuerto Internacional José Martí. Las recibió el arzobispo de La Habana junto a Cáritas Cuba. Es el primer envío de un paquete de 100 millones de dólares que Washington diseñó para que el Gobierno cubano no lo toque.
La gran lección de Melissa —y quizás la más dolorosa— es que la resiliencia cubana existe, pero no puede seguir siendo la única política pública que funcione. La ayuda internacional y los esfuerzos privados están parcheando huecos que deberían estar cubiertos por un sistema robusto de prevención y recuperación. La gente está salvando a la gente, como siempre. Y eso es admirable. Pero también es una señal de alarma.