El incremento del robo de breakers coincide con un contexto marcado por crisis energética, escasez de recursos y dificultades en el mantenimiento de servicios básicos, factores que, según los propios vecinos, están influyendo en el deterioro de la convivencia en varias zonas de la capital.
Una denuncia difundida en redes sociales ha puesto el foco sobre un fenómeno que varios vecinos aseguran se ha vuelto cada vez más frecuente en distintos puntos de La Habana: el robo de breakers eléctricos durante apagones nocturnos, dejando a decenas de familias sin protección en sus viviendas. El testimonio, publicado por la activistas conocida en redes como Lara Crofs, describe un hecho ocurrido recientemente en el edificio de una amiga, donde ladrones sustrajeron todos los interruptores eléctricos en plena oscuridad.
Según el relato, el incidente ocurrió durante un corte de electricidad, aprovechado por los delincuentes para acceder a las áreas comunes donde se encuentran estos dispositivos. La consecuencia inmediata fue la pérdida total de los sistemas de protección eléctrica de varios apartamentos, lo que obligó a una intervención improvisada por parte de la Unión Eléctrica (UNE). Como solución, técnicos habrían conectado la corriente de forma directa, alegando falta de piezas para reponer los breakers, una medida que deja a los residentes expuestos a posibles sobrecargas o accidentes.
Sin embargo, el caso no parece ser aislado. En los comentarios a la publicación, usuarios de diferentes municipios como Marianao, Centro Habana, Guanabacoa, San Miguel del Padrón y Vedado aseguran haber vivido situaciones similares. Algunos reportan robos reiterados en sus edificios, mientras otros describen cómo han tenido que trasladar los breakers al interior de sus viviendas o instalar rejas y candados para evitar nuevas sustracciones.
También se mencionan otros tipos de robo vinculados a la infraestructura básica, como cables eléctricos, tuberías de agua y barandas metálicas, lo que apunta a un patrón más amplio de deterioro en la seguridad de bienes comunes. En algunos testimonios, incluso se describe el uso de vehículos para arrancar estructuras metálicas completas, lo que refuerza la percepción de que estos hechos no siempre son improvisados.
Vecinos consultados coinciden en que los apagones prolongados facilitan este tipo de delitos al reducir la visibilidad y dificultar la respuesta inmediata. A esto se suma la falta de presencia policial en muchos de los casos reportados, lo que ha generado una sensación de desprotección entre los residentes.
Los peligros de la solución salomónica tomada por la Unión Eléctrica
A partir de lo sucedido, la respuesta de la Unión Eléctrica fue clara: no hay breakers, no se reponen. Se restablece el servicio como sea. En la práctica, eso significa corriente directa, sin protección, con cables empalmados a la vista. La luz vuelve, pero el problema no desaparece, se mueve de lugar.
Sin embargo, esto acarrea algo que no se menciona cuando se habla de “resolver rápido”. Sin breaker, no hay nada que corte la corriente ante una sobrecarga o un cortocircuito. En un país con apagones constantes, donde la electricidad entra con picos y bajones, eso define la diferencia entre que un equipo electrodoméstica sobreviva o se queme.
Una vez más el Estado se quita de encima la parte costosa del problema y la deja caer dentro de la casa del ciudadano. No puede garantizar piezas, no puede asegurar estabilidad en el voltaje, pero tampoco se presume que asumiría entonces las consecuencias de esa combinación. El servicio se restablece, sí, pero sin condiciones mínimas de seguridad.
Otra vez el cubano queda expuesto. Un refrigerador, un televisor, una lavadora, no son reemplazables en meses, a veces ni en años. Si se dañan por una subida de voltaje, no hay indemnización, no hay mecanismo claro para reclamar, no hay dinero estatal para cubrirlo. El golpe es directo al bolsillo del que ya vive al límite.
La imagen lo dice todo: cables torcidos, conexiones improvisadas, sin caja, sin protección. Eso no está pensado para durar ni para soportar carga continua. El calor se acumula, el material se degrada, aparecen chispas. Sin un dispositivo que corte la corriente, el fallo escala solo. Ahí el riesgo deja de ser solo un equipo roto y pasa a ser un incendio dentro de la vivienda.
El cubano queda una vez más desprotegido, vulnerable, sin respuestas ni soluciones a sus problemas.




















