La discusión en redes sociales convoca a instructores y buceadores técnicos de todo el mundo que intentan reconstruir la cadena de decisiones que llevó a la muerte a un grupo de italianos en Devana Kandu, en el atolón de Vaavu, Maldivas
Una semana después de la tragedia en el atolón de Vaavu, Maldivas, en la que murieron cinco buzos italianos y un buzo de la Armada maldiva que intentó rescatarlos, las redes sociales se han convertido en el escenario donde la comunidad internacional de buceo intenta entender lo que la investigación oficial todavía no ha explicado.
La página de Facebook Ambassadors of the Sea publicó un análisis del accidente que, en pocas horas, acumuló cientos de comentarios de instructores certificados, buzos técnicos y especialistas en buceo en cuevas de al menos una docena de países. El hilo se convirtió en un foro improvisado donde la pregunta central no es simplemente qué ocurrió, sino por qué el grupo tomó las decisiones que tomó.
El escenario: una cueva para la que nadie estaba equipado
El lugar del accidente, identificado como Devana Kandu, es una pared vertical de coral que desciende más de 200 metros. La entrada a la cueva está ubicada entre los 55 y 58 metros de profundidad, en un saliente de la pared exterior. Una vez adentro, el sistema se extiende en tres cámaras que bajan hasta más de 110 metros, con una longitud potencial superior a los 200 metros y bifurcaciones que conducen a pasajes aún más profundos.
Las condiciones del lugar incluyen corrientes de marea fuertes, ambiente de techo —lo que impide un ascenso de emergencia directo a la superficie— y visibilidad limitada en los tramos interiores. El propio diagrama del sitio, que circula en redes sociales, lo califica explícitamente como un entorno de buceo técnico en cueva que requiere formación especializada, planificación de gases y equipamiento específico. «No apto para buceo recreativo», advierte.
Según la información disponible hasta ahora, el grupo, integrado por Monica Montefalcone, 51 años — bióloga marina, profesora de Ecología Marina Tropical en la Universidad de Génova y guía; Giorgia Sommacal, 22 años, su hija; Federico Gualtieri, 31 años, investigador; Muriel Oddenino, 31 años, investigadora; y Gianluca Benedetti, 44 años, quien se desempeñaba como instructor de buceo, guía local en Maldivas, descendió con tanques individuales de aire comprimido —el equipamiento estándar del buceo recreativo— sin línea guía, con solo dos linternas entre cinco personas, y sin el entrenamiento ni los gases necesarios para una inmersión de esas características.
El tiempo bajo el agua
La regla básica del buceo en cuevas exige la llamada «regla de los tercios»: un tercio del gas para la entrada, un tercio para la salida, y un tercio de reserva de emergencia. Penetrar tres cámaras en esas condiciones consumía el gas disponible antes de que hubiera posibilidades reales de regresar.
Varios de los expertos que participaron en el debate de Facebook señalaron el mismo punto matemático: a 55-60 metros de profundidad respirando aire, el límite de no descompresión es de prácticamente cero minutos. Eso significa que cualquier tiempo adicional en el fondo obliga a realizar paradas de descompresión en el ascenso para evitar la enfermedad por descompresión, conocida como «los bends». Con un solo tanque y sin planificación técnica, ese margen es inexistente.
Eso fue lo que le sucedió a Mohamed Mahudhee, buzo de la Armada de Maldivas durante las operaciones de rescate. Según los responsables de Ambassadors of the Sea, habría descendido sin el equipamiento adecuado bajo una presión institucional enorme para recuperar los cuerpos, permaneció demasiado tiempo en profundidad y omitió las paradas de descompresión al ascender, y murió de enfermedad por descompresión. La cámara de recompresión más cercana estaba a más de 100 kilómetros.

La hipótesis más compartida: narcosis y efecto manada
El escenario que más consenso generó en el hilo fue el siguiente: el grupo planificó originalmente una inmersión hasta la entrada de la cueva, pero no adentrarse en ella. Al llegar a esa profundidad, la narcosis por nitrógeno —un estado de alteración cognitiva que ocurre al respirar aire comprimido a grandes profundidades y que los buceadores comparan con la intoxicación por alcohol— habría afectado el juicio de la instructora que lideraba el grupo, Monica Montefalcone, llevándola a penetrar la cueva sin haberlo planeado. O sea, «intoxicada», no tomó la decisión correcta, como cualquier persona que se toma varios tragos más del límite razonable.
El resto del grupo, incluida su hija, habría seguido a la líder por el efecto de confianza ciega que muchos buceadores depositan en sus guías. Gianluca Benedetti, el otro instructor experimentado del grupo, podría haber permanecido cerca de la entrada intentando asistirlos a la salida, esperándolos, hasta que se le acabó el aire.
Una mujer del grupo decidió no sumergirse ese día. Su testimonio, hasta ahora no divulgado públicamente, podría ser clave para determinar cuál era el plan original de la inmersión.
Los buzos finlandeses y la teoría del «muro de arena»: entraron por una puerta que desapareció
Los buzos de rescate finlandeses que recuperaron los cuatro cuerpos del interior de la cueva aportaron esta semana el detalle más revelador hasta ahora sobre cómo pudo desarrollarse la tragedia. El equipo, contratado por DAN Europe —organización internacional de medicina e investigación en buceo— pasó tres horas descendiendo hasta las profundidades del atolón de Vaavu para localizar a los cuatro buzos que permanecían en el interior del sistema de cuevas.
Los encontraron a unos 200 metros dentro de la caverna, en el tercer compartimento, frente a un corredor sin salida.
Laura Marroni, directora ejecutiva de DAN Europe, explicó a medios italianos la geometría exacta de la trampa. La cueva comienza con una primera cámara amplia y muy iluminada, con fondo arenoso. Al fondo de esa cámara hay un corredor de casi 30 metros de largo y tres metros de ancho, con poca luz natural pero excelente visibilidad con iluminación artificial, que conduce a una segunda cámara circular sin luz natural. Entre ese corredor y la segunda cámara hay un banco de arena que los buzos cruzaron sin dificultad al entrar.
El problema fue al intentar volver. Marroni explicó que cruzar el banco de arena fue fácil en la entrada, pero que al girar para regresar, la desorientación propia de estar bajo el agua, combinada con la menor visibilidad en las zonas más profundas de la cueva y los sedimentos removidos por el propio movimiento de los buzos, hace que ese banco de arena parezca una pared sólida que bloquea completamente el corredor por el que habían entrado, recoge UNILAD.
Lo que los buzos italianos tomaron como la salida no era la salida. A la izquierda de ese muro de arena ilusorio había otro corredor sin salida de algo más de 20 metros de largo. Fue allí donde los cuatro buzos fueron encontrados. Marroni fue directa al describir la escena: «Los cuerpos de los buzos fueron encontrados todos dentro, como si hubieran confundido ese corredor con el correcto.»
La teoría del «sand wall» no excluye las demás hipótesis que circulan sobre el accidente — la falta de equipamiento técnico, la posible narcosis por nitrógeno, la ausencia de línea guía, el efecto manada — sino que las completa. Un grupo que entra sin hilo de Ariadna, a más de 55 metros de profundidad, con un solo tanque y bajo los efectos cognitivos de la narcosis, no tiene ninguna herramienta para distinguir una ilusión óptica creada por sedimentos removidos de la salida real, se describe en una nota publicada por MSN.
El buzo ruso Vladimir Tochilov, quien filmó el sistema de cuevas en 2014, confirmó a CNN que la caverna es un laberinto de giros, cámaras y recovecos con muy poca luz natural y múltiples elementos capaces de desorientar incluso a un buzo experimentado.
Lo que la investigación todavía no ha dicho
Las computadoras de buceo de los fallecidos, los análisis del contenido de los tanques y las cámaras GoPro que al menos uno de los buzos llevaba consigo podrían responder las preguntas que aún quedan abiertas: ¿cuál era el plan original?, ¿había nitrox en algún tanque?, ¿en qué momento y por qué entraron a la cueva?
La comunidad de buceo espera esos resultados. Mientras tanto, en el hilo de Facebook que ya supera los 200 comentarios, instructores de cuatro continentes coinciden en una sola conclusión: esto no fue mala suerte. Fue una cadena de decisiones que, eslabón a eslabón, dejó a cinco personas sin salida en el tercer compartimento de una cueva a más de 60 metros bajo el mar.



















