Un periodista en Miami y una corresponsal en La Habana responden la misma pregunta: ¿qué viene después de la imputación de Raúl Castro?.»Esta imputación pudo haberse presentado hace 25 años»: el análisis que nadie en Washington quiere dar y que dos periodistas dieron igual
Periodistas de CBS Miami y La Repubblica analizan las implicaciones del 20 de mayo para Cuba y el posible modelo Venezuela. Dos visiones sobre Cuba tras la imputación de Raúl Castro: la presión calculada desde Miami y el coma inducido visto desde La Habana
Jim DeFede, periodista de CBS Miami, lleva décadas cubriendo la política cubana desde el sur de Florida. Laura Lucchini es la corresponsal de La Repubblica en La Habana. El 20 de mayo, mientras los cargos contra Raúl Castro sacudían al mundo, los dos ofrecieron análisis que vale la pena leer juntos porque, desde ángulos distintos, apuntan al mismo lugar.
Jim DeFede, CBS Miami: «Esta imputación pudo haberse presentado hace 25 años. La pregunta es por qué ahora»
DeFede fue directo cuando su colega Lauren Pastrana le hizo la pregunta que todos en Miami se estaban haciendo. El indictment no tiene información nueva. No hay datos frescos, no hay testigos que acaban de aparecer, no hay evidencia que no existiera ya en los años noventa.
«Esta imputación pudo haberse presentado hace 25 años», dijo DeFede. «La información es vieja. Así que la pregunta es por qué ahora. Y la respuesta corta, según mis fuentes, es que esto es parte de una estrategia para seguir aumentando la presión sobre el gobierno cubano.»
Lo que describe DeFede es una administración frustrada. Trump lleva meses aplicando lo que él llama una política de zanahoria y palo: el bloqueo petrolero como palo, la oferta de 100 millones en ayuda humanitaria como zanahoria. El objetivo era conseguir que Cuba liberara presos políticos y permitiera mayor libertad económica en la isla. Cuba no ha movido ficha.
La imputación es el siguiente escalón. No porque los cargos sean nuevos sino porque abre una puerta: la posibilidad teórica, que DeFede aclara que nadie considera inminente ni realista por ahora, de una intervención militar siguiendo el modelo Venezuela.
DeFede también observó algo que no pasó desapercibido en la cobertura del 20 de mayo. La celebración en el exilio fue más apagada de lo que cabría esperar ante un acontecimiento histórico de esta magnitud. «Si esto hubiera ocurrido hace 15 años, las calles habrían estado cortadas. El Dolphin Expressway, el Palmetto, llenos de coches con banderas», dijo. «Eso no está pasando.»
Su explicación es doble. Primero, la generación del exilio histórico está envejeciendo y muriendo. Segundo, hay una fatiga de expectativas. «Hay una sensación de: ya hemos escuchado esto antes. Ya hemos visto estas promesas.»
Laura Lucchini desde La Habana: «Cuba está en coma inducido. Y Ratcliffe no fue a negociar»
Laura Lucchini lleva semanas en La Habana como corresponsal de La Repubblica. Lo que describe no es una ciudad en tensión sino una ciudad vaciada.
«Las calles están totalmente vacías. Los hoteles tienen una ocupación del 10%. Hay tres o cuatro apagones al día. Las universidades están paralizadas porque no pueden sostener clases a distancia sin electricidad. Los hospitales no pueden operar de urgencia», describió en el podcast Recap junto al periodista Alessio Balbi.
Su diagnóstico es preciso: Cuba está en lo que ella llama un «coma inducido» desde enero, cuando el bloqueo petrolero de Trump cortó el suministro de crudo a la isla casi por completo. La última petrolera rusa que forzó el bloqueo para llegar a Cuba lo hizo hace casi dos meses. Desde entonces, nada.
Lucchini señala que Cuba nunca ha estado más sola. En cada momento de tensión histórica anterior, Rusia, China o Venezuela intervinieron para apuntalar al régimen. Ahora Venezuela está fuera de juego tras la captura de Maduro. Rusia y China hacen declaraciones de apoyo pero no mandan barcos.
Sobre la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana, Lucchini fue cautelosa pero reveladora. Ratcliffe se reunió con una delegación cubana que incluía al jefe de inteligencia del régimen y a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl, conocido en La Habana como «el cangrejo.» Las imágenes mostraron a la delegación estadounidense con los rostros oscurecidos.
«Ese encuentro no fue pensado para llegar a buen puerto, o al menos no llegó», dijo Lucchini. Ratcliffe salió de La Habana y de inmediato se anunció una nueva ronda de sanciones. El mensaje implícito es que la oferta sigue sobre la mesa pero la paciencia tiene límites.
El modelo Venezuela: lo que los dos periodistas ven venir
Tanto DeFede como Lucchini evitan hacer predicciones categóricas. Pero los dos mencionan Venezuela como el referente inevitable para entender la lógica de lo que está ocurriendo.
Maduro fue imputado. Luego fue capturado. El fiscal general interino Todd Blanche dijo que esperan que Raúl Castro se presente en EE.UU. «por voluntad propia o de otra forma.» Esas cuatro palabras son las mismas que se usaron antes de la operación en Venezuela.
Díaz-Balart, legislador por Florida, lo dijo sin rodeos cuando CBS le preguntó si sabían dónde está Raúl Castro en este momento: sí. Y añadió que si fuera Castro, estaría buscando «un lugar seguro para salir de Cuba cuanto antes.»
Lucchini pone el matiz necesario. «Cuba no es Venezuela», señaló. El régimen cubano lleva 67 años entrenando para resistir presiones estadounidenses. Tiene una capacidad de movilización ideológica que Venezuela no tenía. Y tiene más de 300 drones de ataque, según confirmó CBS News esta semana.
Pero también tiene algo que no tenía hace diez años: una población que lleva meses sin luz, sin comida y sin combustible, y que según todas las encuestas disponibles ya no cree en el discurso oficial de la misma manera que antes.
DeFede resume el momento con la frialdad de quien lleva décadas cubriendo esta historia: «El siguiente paso no está claro. Lo único que está claro es seguir aumentando la presión sobre el gobierno cubano.»
Lucchini lo complementa desde adentro: en La Habana nadie celebra ni llora en la calle. La ciudad está vaciada. Lo que siente la corresponsal de La Repubblica no es tensión sino agotamiento. «Cuba está en coma inducido», dice. Y en un país con tres apagones diarios, sin petróleo y con los hospitales sin poder operar, el coma no necesita que llegue nadie a provocarlo.
La pregunta que los dos periodistas dejan sin responder es la misma: si Cuba no cede, ¿qué sigue? Ninguno lo sabe. Ninguno dice saberlo. Esa honestidad, en este momento, vale más que cualquier predicción.



















