¿Qué pudo haber dicho el Director de la CIA en La Habana? Bueno, aquí «te lo contamos» (+ videos)

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El director de la CIA estuvo ayer en La Habana, Cuba, y no se sabe todavía qué se habló. Aquí un texto que intenta responder esa pregunta.

Cuando el avión del gobierno estadounidense aterrizó en el aeropuerto José Martí de La Habana el 14 de mayo de 2026, los cubanos de a pie apenas habían dormido.

El día anterior, miles de personas golpearon ollas y quemaron basura en varios barrios de la capital para exigir electricidad en medio de apagones que duraban más de 20 horas. No habían pasado muchas horas cuando la ciudad amaneció con la llegada de la delegación estadounidense más inusual de los últimos años: John Ratcliffe, director de la CIA, acompañado de altos funcionarios de seguridad.

La visita se produjo en el peor momento de la crisis energética y humanitaria de la isla, pero también en el contexto de un histórico giro político en Washington: un presidente estadounidense –Donald Trump– dispuesto a negociar con el régimen cubano pero, al mismo tiempo, amenazando con derrocarlo si no hay cambios profundos.

Una visita que rompe tabúes

Según declaró el portal CiberCuba, Ratcliffe se reunió en La Habana con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro y alto oficial del Ministerio del Interior, así como con el ministro del Interior Lázaro Álvarez Casas y el jefe de los servicios de inteligencia cubanos. Sin embargo, en las fotos divulgadas por el propio Ratcliffe, «El Cangrejo» no estaba ni por todo eso. Eso sí: el propio gobierno cubano divulgó luego la noticia, describiendo la visita como parte de un esfuerzo por “abordar la situación actual”.

La inusual presencia del jefe de la CIA en La Habana tuvo, según fuentes norteamericanas, un objetivo claro: entregar a los dirigentes cubanos un mensaje directo de Donald Trump. El presidente estadounidense –que en enero ordenó un embargo total al suministro de combustible a la isla y en abril celebró la captura de Nicolás Maduro en Venezuela– les transmitió que Estados Unidos está dispuesto a comprometerse en materia económica y de seguridad, pero solo si Cuba realiza “cambios fundamentales”. Entre esos cambios, Washington exige que la isla deje de servir como refugio para adversarios de la seguridad estadounidense en el hemisferio.

La reunión no se limitó a entregar ultimátums. Las partes debatieron “cooperación en inteligencia, estabilidad económica y seguridad nacional”. Ratcliffe hasta pudo haberle recordado a los funcionarios cubanos la operación de 3 de enero de 2026, cuando tropas especiales estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro tras un acuerdo con sectores chavistas; la intención era que la Habana entendiera la seriedad de las amenazas de Trump. Y probablemente les habló de lo bien que marchan las cosas en Venezuela.

La crisis energética como catalizador

La visita se produjo en medio de la peor crisis energética de la isla en décadas. Dos días antes, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció en la televisión estatal que Cuba se había quedado completamente sin combustible ni diésel. Dijo que la red eléctrica estaba en un estado “crítico” y que el país no tenía reservas. La declaración provocó una oleada de protestas: Reuters documentó cómo cientos de habaneros bloquearon calles y exigieron “¡prendan las luces!” mientras denunciaban la incapacidad del gobierno para proveer servicios básicos.

El propio Ratcliffe parece haber usado la emergencia energética como palanca negociadora para recordarle a los funcionarios cubanos presentes en la reunión que Cuba carece de combustible, dinero y aliados; y que ni México ni Venezuela –principales proveedores históricos de petróleo– habían enviado cargamentos desde que Washington amenazó con sancionar a cualquiera que abasteciera la isla. Cuba, actualmente, se encuentra negociando a la desesperada con cualquier país dispuesto a venderle combustible. Sin embargo, hasta mediados de mayo, solo un buque ruso había llevado crudo a la isla.

La oferta humanitaria de 100 millones de dólares

En paralelo a la visita, el Departamento de Estado difundió en público una oferta que ya había hecho en privado: 100 millones de dólares en ayuda humanitaria y acceso gratuito a internet satelital, administrados por la Iglesia Católica y otras organizaciones independientes. Dirigida directamente al pueblo cubano. La administración Trump condicionó la entrega a “reformas políticas y económicas significativas” en la isla.

La publicación de la oferta obligó al gobierno cubano a reaccionar. Hasta entonces, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla había tachado el ofrecimiento de “fábula” y cuestionado su veracidad. Pero tras la visita de Ratcliffe, Rodríguez declaró que Cuba estaba dispuesta a analizar la propuesta siempre que se respetaran los métodos habituales de la ayuda humanitaria.

Washington sostiene que la ayuda es indispensable para aliviar la falta de alimentos, medicinas y combustible. Sin embargo, la idea de canalizarla a través de la Iglesia y ONGs pretende evitar que el régimen controle la distribución. El Secretario de Estado Marco Rubio (nombrado temporalmente tras la destitución de Blinken) explicó que el gobierno cubano suele desviar recursos, y por ello Estados Unidos no enviará un centavo al Estado.

“Estamos dispuestos a dar más ayuda humanitaria a Cuba; la distribuiremos a través de la Iglesia, pero el régimen tiene que permitirlo”, afirmó Rubio.

La ayuda como arma política

A muchos cubanos y analistas les resulta irónico que el mismo gobierno que impuso un embargo petrolero –que según el gobierno de la isla genera apagones y penurias– ofrezca ahora dinero y comida. Según la crítica del portal Progreso Weekly, la propuesta no es neutral: busca proyectar a la administración Trump como benefactora mientras presiona a La Habana con sanciones y amenazas militares, convirtiendo la ayuda en un instrumento de negociación.

En cualquier caso, el ofrecimiento de los 100 millones de dólares se hizo público cuando la crisis energética había desplomado la economía cubana. El turismo, por ejemplo, cayó de 4,6 millones de visitantes en 2018 a 1,9 millones en 2024, ya que la falta de combustible provocó cancelaciones de vuelos y cierre de hoteles. La combinación de apagones, escasez y colapso del turismo ha dejado al régimen prácticamente sin divisas.

El fantasma de un enjuiciamiento a Raúl Castro

Otro de los temas que, con toda probabilidad, surgieron como «recordatorio» en la reunión fue el riesgo de que Estados Unidos impute penalmente a Raúl Castro por su responsabilidad en el derribo de dos avionetas de la organización humanitaria Hermanos al Rescate en 1996. El periódico El País informó que el Departamento de Justicia evaluaba presentar cargos contra el exgobernante cubano y que el caso tendría que pasar por un gran jurado. La noticia se dio a conocer días antes de la visita de Ratcliffe y añadió presión sobre la cúpula del Partido Comunista; y es muy probable que sobre el tema, se haya hablado en la reunión. Posiblemente de la parte cubana haya salido un «estamos dispuestos a morir todos para defender a Raúl», aunque a Raúl le quede, literalmente hablando a lo cubano, una afeitá.

Aunque el Departamento de Justicia no ha confirmado públicamente el contenido de la conversación, la sola mención de un proceso penal contra Raúl Castro tiene implicaciones políticas: su posible retiro negociado se transforma en moneda de cambio.

Si las autoridades cubanas acuerdan una transición controlada y realizan reformas, Washington podría valorar la posibilidad de aplazar o modificar la acusación; si no lo hacen, un enjuiciamiento simbólico serviría para legitimar sanciones más duras.

O al menos eso se comenta entre los pasillos y en redes sociales; entre expertos, analistas, gente con dos dedos de frente y cubanos de a pie, que desde el sur de la Florida, principalmente, siguen paso a paso todo lo que está sucediendo a 90 millas.

La liberación de Sissi Abascal y los presos políticos

No deja de ser significativo que la llegada de Ratcliffe haya coincidido con un gesto que muchos interpretaron como una señal de buena voluntad: la liberación de la opositora Sissi Abascal Zamora, condenada a seis años de prisión por su participación en las protestas del 11 de julio de 2021, por parte del régimen cubano. La joven, la más joven de las Damas de Blanco, reveló al llegar a Miami que la Seguridad del Estado le ofreció el exilio por razones de salud pero exigió que su madre saliera primero de Cuba. Abascal agradeció al Departamento de Estado y a activistas que gestionaron su visa humanitaria y denunció que en prisión fue considerada una “reclusa negativa” por negarse a actividades políticas.

Su excarcelación se produjo el mismo día de la visita de Ratcliffe. Esa coincidencia sugiere que Washington exigió como condición mínima la liberación de presos políticos. De hecho, la oferta de ayuda humanitaria publicada por la Casa Blanca ha estado siempre acompañada de demandas explícitas: liberar a opositores, respetar las libertades civiles y permitir inversiones privadas estadounidenses.

“Comunistas incompetentes” y modelos fracasados

En sus comparecencias en Washington, en China, a bordo del Air Force One y vestido como Maduro cuando fue levantado en peso desde Miraflores, Marco Rubio no ha escatimado calificativos contra el gobierno cubano.

En entrevista con WLRN, el Secretario de Estado calificó a Cuba de “estado fallido” y aseguró que el país está gobernado por “comunistas incompetentes”. Según Rubio, la crisis energética no es resultado de un bloqueo estadounidense, sino de la ruptura con Venezuela, que dejó de enviar petróleo gratuito.

“No hay bloqueo de petróleo per se; Cuba solía recibir petróleo gratis de Venezuela y revendía el 60% por dinero. Ahora nadie regala petróleo a un régimen fracasado”.

Rubio argumenta que los líderes cubanos no saben cómo arreglar la economía y que su modelo no funciona. El funcionario ha reiterado que cualquier ayuda debe excluir al Estado cubano y llegar directamente al pueblo.

Estas declaraciones subrayan la lógica de Washington: el problema no es el socialismo en abstracto, sino la incapacidad administrativa y la corrupción de la cúpula actual. Ese discurso conecta con sectores del exilio cubano que exigen un cambio de régimen, pero también con un sector de la juventud dentro de la isla, harto de apagones y carencias.

El dilema de las propiedades expropiadas

El conflicto histórico sobre las propiedades confiscadas tras la Revolución de 1959 volvió recientemente a la agenda en medio de la crisis. El Departamento de Justicia estadounidense ha certificado 5 913 reclamaciones de ciudadanos y empresas cuyos bienes fueron expropiados, con un valor estimado de 8.500 a 10 mil millones de dólares incluyendo intereses. Además, se calcula que existen 200 000 a 300 000 reclamaciones adicionales de cubano‑americanos, que fueron ciudadanos cubanos cuando se efectuaron las expropiaciones.

En abril, el viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío insinuó que Cuba podría ofrecer un pago único a Estados Unidos para compensar los reclamos, pero condicionó cualquier acuerdo al levantamiento del embargo y a la posibilidad de nuevas inversiones. La propuesta generó escepticismo entre abogados en Miami y algunos la interpretaron como un gesto de buena voluntad en medio de la negociación para obtener ayuda urgente.

Una moneda de cambio

Washington podría utilizar la cuestión de las propiedades como herramienta de negociación. El volumen de las reclamaciones es enorme, y una compensación parcial o acuerdos de tierras podrían servir de incentivo para que sectores de la nomenclatura cubana acepten reformas. A la vez, la administración Trump podría presentar a sus votantes un avance tangible: la recuperación (o indemnización) de bienes confiscados hace más de seis décadas.

Un régimen sin aliados y con protestas crecientes

La visita del director de la CIA, las negociaciones sobre ayuda humanitaria y la amenaza de una acusación contra Raúl Castro llegan en un momento en que el régimen cubano aparece aislado y con apoyo interno menguante.

Las protestas por apagones no se limitan a La Habana. Diversos videos compartidos en redes y verificados por medios independientes muestran cacerolazos en provincias como Pinar del Río, Holguín y Sancti Spíritus. Los vecinos bloquean carreteras y queman basura, una práctica inédita en un país donde la represión ha sido brutal desde 2021.

El descontento social coincide con un deterioro geopolítico para La Habana. Sus antiguos aliados, Rusia y Venezuela, atraviesan sus propias crisis. El embargo petrolero estadounidense impide que México o Brasil –socios que habían enviado combustibles en otras épocas– reabastezcan la isla, por miedo a sanciones. A ello se suma que Washington ha advertido a países terceros que no envíen petróleo a Cuba; aquellos que lo hagan serán sancionados.

El papel de “El Cangrejo” y la pregunta sobre la sucesión

Otra de las ironías señaladas por analistas y usuarios en redes es la presencia de Raúl Guillermo “El Cangrejo” en las negociaciones. Al no ocupar un cargo institucional, su participación refuerza la percepción de que el poder real en Cuba sigue en manos de la familia Castro y de un grupo reducido de oficiales militares. Tras la reunión, muchos cubanos se preguntaron: ¿qué cargo ostenta? ¿quién lo eligió?

La presencia del nieto de Raúl Castro alimenta rumores sobre posibles sucesiones y disputa interna en el régimen. Algunos observadores sugieren que sectores militares podrían estar negociando con Washington a espaldas de Miguel Díaz‑Canel para salvar sus privilegios y evitar un derrocamiento violento.

Derechos humanos y demandas de elecciones libres

Además de la ayuda humanitaria y las reformas económicas, Washington exige la liberación de todos los presos políticos y la convocatoria a elecciones libres. El plan de la administración Trump contempla, según la agencia AP, condiciones como el respeto a la libertad de expresión y de reunión, el fin de la represión contra manifestantes y la apertura a inversiones privadas.

Asimismo, funcionarios estadounidenses aseguran que no buscan una intervención militar inmediata en Cuba: “Todas las opciones están sobre la mesa”, dijeron fuentes anónimas a la AP, pero insistieron en que la vía preferida es una transición negociada.

¿Qué podría haber dicho Ratcliffe en la reunión?

Dadas las presiones descritas y los intereses en juego, dicho todo lo dicho anteriormente y explicado como contexto de lo que está sucediendo alrededor de Cuba — y no nos referimos a los vuelos de drones o presencia de barcos estadounidenses cercanos a las costas de Cuba —, las declaraciones de los diferentes actores en algún momento posterior al 3 de enero, permiten esbozar los temas centrales que el director de la CIA, John Ratcliffe, pudo haber tratado en su encuentro con los jerarcas cubanos. No es que lo que aquí se diga haya ocurrido o se haya dicho pero, es muy probable que algo de esto se haya mencionado:

  1. Aprovechen esta oportunidad. Ratcliffe seguramente recalcó que esta podría ser la última ventana de negociación, sugiriendo que, de no aceptar la ayuda de 100 millones de dólares y emprender reformas económicas y políticas en la isla, las consecuencias serán más severas. Washington no está dispuesto a tolerar una crisis más grave que desemboque en un conflicto político, con sabe Dios quién al frente del ejército, a 90 millas de sus costas.
  2. Adviértanle a Raúl Castro. Con la posible acusación penal en ciernes, es plausible que Ratcliffe alertara a los interlocutores de que el Departamento de Justicia está listo para procesar al exgobernante por el derribo de Hermanos al Rescate, recordándoles que Trump no dudó en capturar a Maduro.
  3. Retirada negociada. Analistas consideran que Washington podría ofrecer garantías personales –como evitar la cárcel– a miembros del clan Castro si se retiran y facilitan una transición. Esto explicaría la presencia de “El Cangrejo” como representante familiar. Este es un punto que el exilio ha manifestado es no negociable; y sobre el que congresistas cubanoamericanos han sido bien explícitos pero, donde manda Capitán, no manda ni Marco Rubio.
  4. “No habrá impunidad para siempre”. La probable referencia de Ratcliffe a Venezuela sugiere que los dirigentes cubanos serían responsables de las consecuencias si no ceden. De demorar el cambio, la isla podría enfrentar un escenario similar al de Maduro: derrocamiento y captura por fuerzas extranjeras.
  5. Restitución o compensación de propiedades. Con más de 5.900 reclamaciones por bienes confiscados, Ratcliffe pudo plantear que cualquier normalización incluirá la devolución o indemnización de activos estadounidenses, recordando la posibilidad de demandas bajo la Ley Helms‑Burton.
  6. La amenaza militar no depende de la CIA. Aunque Ratcliffe lidera la inteligencia, pudo haber dejado bien claro que el Pentágono y el Presidente manejan la última palabra. Tal vez enfatizó que él no puede detener una eventual intervención militar si el presidente decide actuar; su función es asesorar, no comandar tropas.
  7. Críticas directas a la gestión. Ratcliffe habría coincidido con Rubio en que la cúpula dirigente es “incompetente” y que su modelo económico está agotado. Bajo ese argumento, instaría a los interlocutores a apartarse y permitir una transición que proteja al pueblo y a sus propios intereses.
  8. Llamado a elecciones y liberación de presos. Según la agenda de Washington, cualquier acuerdo exige elecciones libres, liberación de presos políticos y respeto a los derechos humanos. Ratcliffe habría reiterado estas condiciones y recordado que Estados Unidos y la comunidad internacional no reconocerán una transición que excluya a la sociedad civil.
  9. Fin de la represión. El director habría insistido en que, mientras continúen las detenciones arbitrarias y los cortes de internet en respuesta a las protestas, no podrá haber ayuda. La liberación de Sissi Abascal fue un gesto mínimo y no suficiente. Todavía en prisión quedan más de mil detenidos por protestar de manera pacífica y respaldados por la Constitución, el 11 de julio de 2021 y días posteriores.
  10. Credibilidad y agotamiento. Finalmente, el mensaje político pudo incluir una sentencia: el régimen ya no tiene credibilidad ni apoyo, ni entre su propia población ni en la comunidad internacional. Incluso antiguos socios como México y Venezuela han dejado de enviar petróleo. Una buena parte de los cubanos, dentro y fuera de la isla, que tradicionalmente se han opuesto a una intervención armada, actualmente la valoran como la única solución posible al drama cubano. Ratcliffe habría advertido que, si la cúpula no actúa pronto, se consumará su colapso económico y político.

Conclusión: entre la negociación y el ultimátum

La visita del director de la CIA a La Habana en mayo de 2026 condensó décadas de conflictiva relación entre Cuba y Estados Unidos. Por un lado, Washington ofreció ayuda humanitaria y la posibilidad de un reenganche económico; por otro, exigió reformas profundas, el fin del apoyo a adversarios estadounidenses, la liberación de presos y la devolución de propiedades. Ratcliffe no llegó como un diplomático tradicional; vino como emisario de un presidente que ha demostrado que sus amenazas pueden convertirse en hechos, como ocurrió en Venezuela.

La delegación estadounidense apostó por una combinación de palos y zanahorias: ayuda millonaria y amenazas de enjuiciar a Raúl Castro; invitación a cooperar y advertencia de posibles sanciones más duras o incluso intervención militar. La crisis energética, las protestas masivas y el desgaste del régimen brindan a Washington una oportunidad inédita para presionar.

Del lado cubano, la respuesta pública ha oscilado entre el rechazo al “bloqueo genocida” y la disposición a estudiar la ayuda. El hecho de que la delegación se reuniera con “El Cangrejo” y no con el presidente Miguel Díaz‑Canel muestra que las negociaciones se llevan a cabo en niveles donde la familia Castro conserva el control.

Para el pueblo cubano, la visita ha generado una mezcla de expectativa y desconfianza. Muchos están extenuados por los apagones y la falta de alimentos, y podrían ver en la ayuda una tabla de salvación. Otros temen que cualquier acuerdo se traduzca en la permanencia del mismo núcleo de poder, maquillado con reformas superficiales.

En cualquier caso, la reunión en La Habana marca un punto de inflexión. Si el régimen acepta las condiciones, podría iniciar una transición que abra espacios a la oposición y atraiga inversiones, pero a costa de ceder el monopolio del poder. Si las rechaza, se enfrenta no solo a la escasez y las protestas, sino también a la posibilidad de sanciones más severas, demandas millonarias por propiedades confiscadas y el enjuiciamiento de sus líderes históricos. O quien sabe, si un par de visitas de madrugada, como la que le hicieron a Nicolás Maduro.

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