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Cuba

Mataperrear y los juegos infantiles que no envejecen

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¿A las bolas o al trompo? Para muchos niños cubanos siguen siendo muy divertidos estos juegos infantiles

Jorge tiene 25 años. Dice que si le pidieran definir su infancia con una palabra, esta fuera “mataperreando”. Pasarse todo el tiempo en la calle desde que llegaba de la escuela. Para él, esto significaba el mayor de los regalos. “Los muchachos del barrio caminábamos seis cuadras en busca de duro fríos. Nos reíamos de nosotros mismos y nos colábamos en la escuela por el hueco de la cerca para jugar en las canchas o en el patio”.

Aunque ahora existen la televisión, los tablets, las computadoras y los parques de diversiones, muchos niños cubanos prefieren pasar su tiempo fuera, “es más entretenido”. Fundamentalmente en las ciudades del interior del país es lo más común.

Así lo cree Gustavo quien opina que las raíces no se olvidan. “A nosotros nos criaron en la calle y fuimos felices. Allí aprendes a relacionarte, haces nuevas amistades y creas un mundo propio, con sus reglas. Ahora hay mucha tecnología, pero eso al final pone boba a la gente”.

“En la casa se aburren mucho. Además, en la televisión nunca ponen nada bueno para ellos, por eso les doy permiso para que estén en la acera. Los niños necesitan gastar energía, correr, sudar, y sentirse más libres. De los problemas nos ocupamos los adultos”, declara Diana, madre de dos pequeños.

Dani está en cuarto grado. Es de los que se pasa con el uniforme sucio todo el día porque en el recreo el área de formación le queda chiquita. Para él, lo peor que pudiese suceder en el mundo es no salir a la esquina. Su rutina habitual consiste en terminar las tareas de la escuela, comer algo, y buscar a sus amiguitos. Pasatiempo preferido, jugar al trompo. Se pasa las tardes dándole vueltas y compitiendo a ver quien dura más con él en las manos. Según su hermana, este mes han tenido que buscarle dos trompos más porque los parte de tanto usarlos.

En las tiendas infantiles no se vende este tipo de juguetes. La mayoría están hechos de plástico o madera y como todo en esta isla, pasan de generación en generación. “Él mío se lo cambié a un colega”, me explicó un menor. Los carpinteros viejos los venden a 10 CUP, “con pita y todo”.

“Son entretenimientos que no requieren de mucho esfuerzo ni efectivo, y quizás den mayor placer que los juguetes caros. En esto no se mide el que más tenga, al contrario, se prestan las cosas unos a los otros hasta que pasan por todo el vecindario”, comenta Nanda, una joven madre.

Otro clásico juego de la calle son las bolas o canicas. Para ellos, que con seis años ya son expertos, “es súper fácil”, solo hacer con los dedos un círculo en la tierra y tirar hasta sacar las del contrario. Dentro del lenguaje de los niños, cada bola tiene su denominación individual. Las más pequeñas se conocen por “pirigüitas”; si son oscuras, se les denomina tiro de leche; con franjas azules, rojas y blancas se llaman cubanitas; pero el premio de la popularidad se lo gana el que tenga bajo su poder un bolón, las de mayor tamaño.

“Lo mejor de estas cosas es que sirven para todos. A veces viene una vecinita que aprendió rapidísimo y en más de una ocasión ha ganado la rondas”, afirma entre risas Carmen. “Yo creo que nunca pasarán de moda si lo veía jugar de pequeña, ahora tengo 35 y mis hijos también lo hacen”.

Texto y fotos: Vladia Rosa García 

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