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Texto y fotos: Fernando Vargas

Francisco Segundo Martínez Sosa, autor de Animal rosadulce, no ha tenido una vida fácil. Como tantos otros gais en Cuba, ha debido enfrentar prejuicios y desprecios, pero él logró renacer

Puntal alto de casa señorial, paredes de colores vivos, fotografías de Marilyn Monroe y Sara Montiel, una bandera del orgullo gay que ondea pegada a la ventana. Una pareja se despide: Tony va a buscar a unos clientes en el aeropuerto y Francisco Segundo Martínez Sosa (Fran), parsimoniosamente, prepara café y busca su poemario para empezar a contarnos su historia.

Dice que mucho antes de saberse escritor, la providencia le dio la oportunidad de encontrarse con José Lezama Lima en el Paseo del Prado, con tan solo trece años: “No sabía que era él, simplemente yo era un chicuelo dándole color a La Habana. Estaban cometiendo un error con alguien, yo tiré una piedra y Lezama se puso a aplaudir mi actitud”. A Reinaldo Arenas lo leyó en secreto, y cuando vio su foto recordó que también se habían conocido —no quiere dar más detalles, solo que fue en el hotel Monserrate. Luego ambos, junto a Virgilio Piñera, estarían entre sus referentes literarios más cercanos.

Un Paradiso en el infierno

Desde los primeros grados ingresó a escuelas de régimen interno en el campo, que en Cuba se conocen como becas. Sufrió en carne propia los efectos del bullying. Gritos, golpes, tocamientos lascivos y otras formas de violencia le impidieron continuar sus estudios:

“Yo era muy amanerado y tuve que ponerme una coraza. A veces la gente me pregunta por qué camino con cierto «aguaje», como diría el cubano, y es por eso. Las becas resultan muy difíciles para personas como yo. Cualquier noche podían llegar a tu litera y embarrarte de betún, ponerte fósforos en los pies, venir encapuchados y entrarte a piñazos…

»Leí algo de Paradiso, de Lezama, también escondido. Cuando estaba en secundaria me lo prestó un amigo que cursaba el preuniversitario. Solo fueron algunas páginas porque tenía que devolvérselo. Lo prohibido siempre es más llamativo, por eso busqué las partes más tentadoras y me pregunté por qué uno no podía escribir sobre eso, si es algo natural. Ahí empecé a redactar algunas cositas en libretas, me las criticaron y decidí guardarlas. El acoso nos mete en un lugar cerrado y después es muy difícil salir de él”.

La Habana fue su morada

La situación se le hacía cada vez más insostenible. Si estaba en la escuela, era golpeado por sus compañeros; si escapaba, los maltratos vendrían de sus familiares, por incumplir el reglamento. La calle fue su refugio hasta que abandonó los estudios. Empezó a trabajar como fumigador, pero la bazuca pesaba casi más que él; luego fue ocupando otros puestos en el sector de la salud. Las relaciones con sus padres terminaron de quebrarse cuando decidió asumir abiertamente su homosexualidad. La Habana volvió a ser su amparo: durmió en terminales, parques, portales…

Llegó 1980 y el éxodo del Mariel. Muchos cruzaban masivamente el estrecho de la Florida buscando una nueva vida. Francisco ocupó un cuarto que se había quedado vacío y lo convirtió en su castillo. Con el tiempo obtuvo la propiedad del espacio y fue permutándolo; tras 14 canjes, logró mudarse para su actual casa en Centro Habana, muy cerca del Malecón.

Solo el amor engendra la maravilla

En el año 1991 aparece Tony en su vida —antes, en los años 80, se había casado y tuvo dos hijos. Se conocieron en una discoteca móvil en el parque Maceo. Su compañero es un hombre de a pie, y Fran cuenta que mientras él es diplomático, Tony es la guerra. Casi todos sus allegados le aconsejaron separarse, pues “no pegaban, ni con cola”; sin embargo, han permanecidos juntos durante más de 28 años.

A unos meses del inicio de su romance, Fran descubrió que era portador del VIH; su novio se negó a abandonarlo y lo cuidó en los momentos más difíciles: “Cuando me diagnosticaron VIH sentí que se me abría el piso y me tragaba; tenía 29 años y llevaba unos meses con mi pareja actual. Fue muy difícil porque en aquella época te recogían en un sanatorio casi obligado y yo no quise. Creo que soy de los pocos que encontró el valor de decir «por portar el VIH nadie tiene el derecho de guardarme, yo soy lo suficientemente responsable para no diseminar el virus».

Además de la presión constante para que se recluyera en el sanatorio, las terapias antirretrovirales estaban reservadas para los internos. Varios amigos le mandaban desde el exterior pastillas sobrantes de tratamientos que habían abandonado. Con esto intentaba frenar el progreso del SIDA, sin mucho éxito. En 1998 cayó en un sillón de ruedas a causa de infecciones oportunistas, y luchando contra el tedio desempolvó aquellos textos de la adolescencia guardados cautelosamente, y se dedicó a reescribirlos. En 2002 Cuba empieza a producir los medicamentos para combatir el VIH, el tratamiento se generaliza y su carga viral se reduce:

“Además de empezar a tomar las dosis correctas, fue muy importante la fuerza de voluntad. Otros, con la misma terapia, no lograron sobrevivir. El que te amen ayuda mucho, y yo me sentía amado. Hoy mi carga viral es indetectable, aunque mis CD4 están en 300 porque me quedan algunas secuelas. Mi pareja se mantiene indetectable también y sus CD4 están en 1000” —Tony se infestó diez años después, cuando ya los medicamentos estaban generalizados, y nunca desarrolló inmunodepresión.

Pájaro no, animal rosadulce

Fran siguió creando. La hija, dedicada profesionalmente a la música, fue poniéndole melodías a varios de sus versos, e incluso hicieron una canción por la lucha contra el VIH, interpretada por 46 cantantes cubanos. Ricardo Viamontes, un amigo locutor, le pidió amenizar el programa de radio Contando estrellas, que se transmitía de madrugada. Ahí, por solicitud del público, empezó a declamar poemas eróticos que causaron sensación entre radioyentes noctámbulos, y surgió la idea de su primer libro.

En Extramuros, la editora Dulce María Sotolongo lo ayudó a pulir algunas de sus composiciones para Animal rosadulce: “Expuse lo que es vivir con VIH, la lucha diaria de tratar de que nos miren como personas, el tema amoroso, y la incomprensión hacia los homosexuales”. El volumen fue publicado luego de un largo debate entre defensores y detractores; un grupo de poemas que entran dentro de la categoría de realismo sucio no se incluyeron en la edición de Extramuros; solo verían la luz tras una posterior tirada de la editorial española Guantanamera.

Para el novel escritor plasmar sus frustraciones, anhelos y obsesiones resultó una manera de liberación: “Los padres son los primeros que deben apoyarnos. Mi mamá entendió al final de su vida, mi papá casi en el último suspiro. No me gusta hablar de esto, pero la primera que me lo pidió fue ella: «¡Dilo!, para que sean diferente a como fuimos nosotros»”.

“Las últimas palabras de papá” narra la reconciliación que marcó en él una especie de renacimiento. Evita leerlo completo, pues siempre termina emocionado, pero comparte con Cuballama el fragmento final:

Desfigurado el rostro

pero aliviada el alma

de tus palabras papá

“eres mi hijo, seas lo que seas”

Después vino el abrazo.

Y luego las palabras tus palabras papá:

“siempre serás mi hijo”.

Hasta tus sesentas en tu postración

busqué tu beso

busqué tu abrazo en vano.

Aseando tus micciones con mis lágrimas

mimándote con mis manos.

Pasaste tus últimos meses

balbuceando la palabra

“perdón”.

Cuando la morfina te brindaba el alivio

Orgulloso decías:

“¡Aquí no vive un pájaro este es mi hijo lindo

ojalá todos los hombres tengan uno como él!”

Y su último grito nunca fue ¡MARICÓN!

Un emprendedor de verdad

Fran siempre había acogido en su casa a los tantos amigos y familiares que viven fuera del país, y cuando comienza el auge en Cuba de los negocios privados, ellos le recomendaron abrir un alojamiento para poderse sostener; también lo ayudaron a acondicionar la casa para estos fines.

Poco a poco, siempre junto a Tony, han sabido darle vida al hostal Rosadulce, a golpe de trabajo y, según él, algo de karma. Estuvo un tiempo en la plataforma AirBnB, mas, tal vez por no ser nativos digitales, el gasto de Internet era mayor que los clientes que les reportaba. Una vez se encontraron a un joven mexicano llorando en la calle, indocumentado y sin saber qué hacer, pues le habían robado sus pertenencias. Lo acogieron en su casa y lo acompañaron a la embajada para resolver todos sus papeles. El turista terminó contando la historia en varios lugares y otros viajeros han llegado a Rosadulce, confiados en que serán atendidos con la solidaridad del buen cubano.

Pero la rosa no está hecha únicamente de azúcar. Fran y Tony aún deben enfrentarse a múltiples trabas. Al principio, cuando decidieron pedir la licencia, le informaron que podía perder su pensión. Aunque la ley actual permite a los jubilados tener un empleo extra, en aquel momento prefirió no arriesgarse. Al no existir ninguna manera legal en Cuba de formalizar un vínculo entre dos personas del mismo sexo, Tony no tenía derecho sobre la casa, y, por tanto, tampoco podía figurar como titular del negocio. Para resolver el problema, tuvo que ponerlo como propietario en un proceso burocrático en el cual debió venderle “formalmente” la casa a su propio novio y pagar los impuestos de esta supuesta transacción.

Las restricciones sobre viajes a Cuba por parte de la administración Trump también los afecta duramente. Ahora reciben al primer cliente en tres meses, y da igual: deben pagar los impuestos para mantener la licencia. Golpeados por el bloqueo y el autobloqueo, intentan salir adelante y mantenerse a flote. Su historia sirve para inspirar a muchos jóvenes que ellos apadrinan sin pedir nada a cambio: “Tony y yo, enfermos, hemos levantado una casa. Hemos hecho mucho sin perjudicar a nadie. Tratamos de enseñar a los demás. Hoy me encuentro con personas que tienen que salir a la calle a buscarse la comida de la manera en que no quisieran. Yo les abro las puertas porque sí se puede salir de la marginalidad. Mucha gente me lo agradece; el Día de los Padres esto se me llena”.

La sociedad cubana ha avanzado en la aceptación de personas con orientaciones sexuales diferentes, y con los debates sobre la nueva Constitución Fran pensó que por fin podría casarse con su novio; sin embargo, la prórroga por dos años del Código de Familia y su futuro sometimiento a referéndum le dejan muchas incertidumbres. Aunque no pierde las esperanzas de algún día poder legalizar el “sí quiero” que dio hace más de 28 años.

Lejos del estereotipo del paciente de VIH postrado en una cama, este cubano sigue dando mucho de qué hablar. Recientemente se publicaron alguno de sus poemas dedicados a Benny Moré y está en proceso de edición su próxima novela, que califica como una ficción homoerótica que juega con el realismo sucio. Historias de violencia, marginalidad, prostitución, enfermedad, discriminación… se entremezclan en una trama que, fruto de su imaginación, refleja las historias de tantos cubanos a quienes llamaron pájaros y tuvieron que quemar sus alas, pero de las cenizas surgió un animal de lucha, una rosadulce que no teme mostrar ni sus pétalos ni sus espinas.

 


 

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Comentarios
1 Comment

1 Comment

  1. Ernesto Rojas Suárez

    March 1, 2020 at 1:29 am

    He leído el poemario varias veces y siempre termino emocionado. Siento que Frank dijo poeticamente todo que los demás gay de esta generación hemos callado. Puso voz a nuestro dolor. Le admiro. Gracias Frank.

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