La crisis energética y el desplome del turismo empujan a miles de cubanos al límite. Entre apagones, hambre y desempleo, una frase se repite: hay que irse.
El aviso de falta de Jet A-1 en aeropuertos cubanos hasta marzo forzó suspensiones, escalas técnicas y flexibilidades en aerolíneas de Canadá, España y Rusia.
Un cartel con nuevas tarifas para la piscina del Hotel Habana Libre, desde 5.500 CUP por adulto más consumo mínimo, desató un debate en redes y medios independientes sobre ocio, salarios y desigualdad en La Habana.
Más que un farsante aislado, Ignacio Jiménez aparece como heredero de una larga tradición cubana donde la promesa de futuro sustituye al presente inhabitable. El texto de Jorge de Armas no lo examina como causa, sino como síntoma: de un país entrenado durante décadas para vivir de la espera, donde la esperanza, antes proyecto y luego promesa de Estado, ha terminado funcionando como paliativo emocional que atraviesa clases, instituciones y discursos.
En el día después de Melissa, el canciller eligió la trinchera de siempre: agradecer al aliado, denunciar al adversario y convertir la emergencia en un nuevo capítulo del relato. De cara a las próximas semanas, la realidad —la que no entiende de consignas— medirá la eficacia de esa apuesta.
Mientras Airbnb deja en pausa sus servicios en Cuba, ahogando una fuente esencial de ingresos para miles de anfitriones privados, el régimen cubano mira...
Lo que debía ser un viaje de descanso terminó en una amarga experiencia para Crystal Jardine, una mujer de Ontario, Canadá, quien denuncia haber sido golpeada en el rostro por un hombre mientras vacacionaba en un resort en Varadero, Cuba
El panorama cubano es desolador. Con una agricultura devastada, un turismo en caída libre y una economía sin rumbo, la población sigue sufriendo las consecuencias de una gestión ineficiente y carente de soluciones reales. Mientras el régimen insiste en buscar aliados en el BRICS y culpar a las sanciones de EE.UU., los cubanos enfrentan día a día una crisis que se ha vuelto estructural y sin señales de recuperación.
Esta contracción del turismo en Cuba, que se ha mantenido durante los últimos años, tiene lugar en un contexto social y económico muy paradójico que no ha pasado desapercibido por el pueblo de la isla