“Ante ella, tengo como una eterna perplejidad; es el único rostro de perpetuo enigma (…) para mí es una personalidad que sugestiona (…), trabajar con ella es un acto de suplicio y veneración al mismo tiempo”.
Hace siete años, Lieter decidió emigrar a EE. UU. en busca de un futuro mejor y, aunque la decisión no fue fácil porque dejaba en la isla a su esposa e hija, ha asegurado que “estaba claro” de haberla tomado.