La delegación cubana podría también haberse retirado ayer del plenario en recordación a los 32 militares de la isla muertos en la operación de captura de Nicolás Maduro, mientras Delcy Rodríguez daba su inédito discurso en las Naciones Unidas.
En esa misma tribuna donde justamente hace 20 años Hugo Chávez dijo: «!Huele a azufre todavía este podio donde me ha tocado hablar!» tras haberlo precedido en el micrófono el presidente de EE.UU George W.Bush, ayer su ex Ministra del Despacho de la Presidencia, y luego ex canciller y ex vicepresidenta, olía a puro petróleo mientras se encargaba de sepultar al chavismo ante los ojos del mundo.
Tan sólo a unos 15 kilómetros de allí y a unos 20 minutos en coche, estaba Maduro, olvidado en el discurso, y encerrado en una cárcel de Brooklyn, soportando la omisión con la esperanza de que quizás sea una táctica para lograr un indulto en un futuro cercano con la condición de que en lugar de Caracas se vaya a La Habana, Moscú o ciudad de México.Efectivamente la «nueva» Delcy – que también hace unos 10 años desde el mismo estrado c
ondenaba enérgicamente las sanciones impuestas por EE. UU. que comenzaron a intensificarse en el primer mandato de Donald Trump – se olvidaba en su guión de Chávez y Maduro mientras lanzaba su frase lapidaria sobre la ideología que hasta el otro día defendía a muerte:
¨Tenemos que aspirar a una Venezuela cuya clase política esté íntimamente comprometida con los intereses nacionales por encima de cualquier cosa y no esté secuestrada por algoritmos mediáticos» sentenció.
«Vengo a hablarles de una Venezuela cuya vida nacional ha estado afectada por una crisis de convivencia política que perturbó la vida nacional y nuestra interacción con el mundo. (…) Se impusieron intereses ajenos al bien común de los venezolanos» dijo sin inmutarse y menos aludir a las expresiones del día anterior de Trump cuando elogió y presumió la captura de Maduro a quien llamó «dictador fuera de la ley».
«Venezuela tenía el mejor equipo del mundo, pero no funcionó» al aludir a los cordones de protección en torno a Maduro en los que murieron 32 militares cubanos «Ni siquiera estuvo cerca de funcionar» recalcó Trump.
El gobierno cubano había negado la presencia de tropas de su Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas en Caracas para cuidar al defenestrado mandatario venezolano.
«Nuestras acciones en Venezuela demuestran que no permitiremos que haya ninguna amenaza contra EE.UU en ningún lugar y si es necesario utilizaremos nuestro poderío militar para responder» remachó el inquilino de la Casa Blanca.
En su reaparición transformada y pragmática, Delcy elogió a Trump en su discurso y a la firma del megapacto petrolero.El día antes se había reunido con el republicano en un primer encuentro que calificó de «histórico».
Y sobre la operación militar estadounidense del 3 de enero en Caracas, que terminó en masacre en sólo minutos bajo el nombre de «Resolución Absoluta», la «presidenta encargada» se refirió a la misma , junto al doble terremoto del 24 de junio, como «dos grandes y dolorosas pruebas en su vida como nación» vividas por Venezuela en 2026.
Fríamente sobre ese ataque relámpago del Comando Sur a Venezuela lo expuso como una «derivación del estrangulamiento de su vida política interna y la confrontación agudizada con los Estados Unidos de América».
«Durante demasiado tiempo fuimos un país dividido entre trincheras, donde el color de una bandera partidista pesaba más que el apellido común que todos compartimos:venezolanos» dijo Rodríguez antes de anunciar, sin precisar fecha, que habrá elecciones en su país mientras ponderaba el diálogo con la oposición.
Hasta el momento de redactar, no se conocía de una reacción oficial de las autoridades cubanas sobre su discurso. Tampoco era esperada por los analistas. A su vez, los principales medios oficiales del gobierno de la isla han apostado por omitir el discurso de la representante venezolana.
Entretanto funcionarios estadounidenses, entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio, no descartaban la existencia de «alguna Delcy» en el espectro de poder de la isla donde ya hay quienes no tienen ningún sonrojo en encontrarse con el jefe de la Agencia Central de Inteligencia en el mismo corazón de La Habana, a poco de la matanza de Caracas.

