En un país donde la ciudadanía no ha podido elegir a sus gobernantes mediante elecciones presidenciales libres, directas y pluripartidistas, Miguel Díaz-Canel volvió a arrogarse el derecho de hablar en nombre de toda la nación. Durante la clausura del XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros, el mandatario atribuyó a la población una voluntad política colectiva inquebrantable para defender el sistema socialista, esto a pesar de revelar estadísticas catastróficas sobre el estado actual del archipiélago.
El gobernante fue enfático al declarar que “Cuba no ha claudicado”, asegurando que la estrategia nacional pasa por “la defensa de todo el territorio con un pueblo convertido en milicias y dispuesto a defender su autodeterminación, su independencia y la soberanía”.
Sin embargo, este discurso choca frontalmente con la realidad de una sociedad fracturada, marcada por un exilio masivo, prisioneros políticos y el imborrable estallido social del 11 de julio de 2021. Haciendo oídos sordos a esta pluralidad, insistió en unificar el sufrimiento bajo la etiqueta de “heroico pueblo cubano”, afirmando que “La respuesta del pueblo, bajo la conducción del Partido Comunista de Cuba, ha sido la resistencia firme y creativa, la unidad, la defensa de sus conquistas […] sin renunciar jamás a los principios del socialismo y sin ceder a presiones ni chantajes”.
El evento internacional, identificado con las siglas #24EIPCO y celebrado en el Palacio de Convenciones en vísperas del centenario de Fidel Castro, sirvió de escenario para que el dirigente enviara un reclamo a sus aliados políticos.
Ante los delegados de 48 organizaciones, exclamó: «Convoco a la autocrítica. No basta con condenar al imperio». En su intervención, les exigió pasar a las «acciones concretas» y remarcó que «Debemos construir poder popular en las bases, ganar las calles, los barrios, las fábricas, las escuelas». Curiosamente, esa misma disposición a la autocrítica estuvo ausente al evaluar su propia gestión, pues Estados Unidos volvió a ser señalado como el responsable absoluto del desastre nacional.
🇨🇺| Presidente @DiazCanelB:
— Presidencia Cuba 🇨🇺 (@PresidenciaCuba) August 10, 2026
"Convoco a la autocrítica. No basta con condenar al imperio; debemos construir poder popular en las bases, ganar las calles, los barrios, las fábricas, las escuelas".
🔗| Les compartimos en el enlace su discurso en #24EIPCO.https://t.co/QfsFzKZHUc pic.twitter.com/4hySSfjdO1
A pesar de la retórica, la gravedad de la crisis fue inocultable. El propio mandatario reconoció: “Sí, tenemos muchas carencias. Nos agobian los apagones, la falta de agua, la inflación y las colas”. No obstante, transformó de inmediato esta precariedad en épica al argumentar que “Ninguna carencia material ha apagado la llama de la solidaridad”.
Las cifras presentadas para ilustrar el impacto económico fueron demoledoras. En el sector sanitario, desveló que 98,500 pacientes, entre ellos 12,000 niños, están en lista de espera para cirugías. Además, 34,000 embarazadas no reciben las ecografías necesarias y 67,000 bebés carecen de su esquema de vacunación. El drama del cáncer también azota a la Isla, con 117,000 adultos y 1,200 menores sin acceso al tratamiento adecuado, mientras la mortalidad infantil se ha disparado a 9,8 por cada mil nacidos vivos.
El panorama energético no fue más alentador, confirmando cortes eléctricos diarios que superan las 20 horas. El mandatario atribuyó este colapso a la paralización de 1,400 MW de generación distribuida por falta de combustible. A modo de justificación, argumentó: «Si tuviéramos disponibles cada día esos 1,400 MW, los apagones solo tendrían una duración de 3 horas y no de 20 o más horas, como hoy sufre nuestro pueblo».
En la recta final de su alocución, Díaz-Canel defendió las recientes reformas económicas catalogando su modelo como «la única salida realista y humana frente a la barbarie capitalista». Subrayó que estas medidas no representan una transición de sistema, aclarando que «Es un proceso para dinamizar la economía, no para instaurar capitalismo. No habrá privatización a ultranza. Los medios fundamentales de producción continúan en manos del pueblo». Con este discurso de resistencia a cuestas, el oficialismo da paso esta misma semana al coloquio «Fidel: legado y futuro», extendiendo la narrativa gubernamental mientras las urnas de la democracia siguen cerradas para los cubanos.





