El 18 de septiembre de 2024 quedará marcado como una jornada más de represión y apagones en Cuba. La combinación de una crisis energética prolongada y las constantes violaciones a los derechos humanos refleja el deterioro de las condiciones de vida en el país, donde la disidencia sigue siendo silenciada y la población se enfrenta a dificultades crecientes. Las denuncias de activistas como Alina Bárbara López, Jorge Fernández Era y Raymar Aguado, junto con las prolongadas interrupciones eléctricas, son un recordatorio de la crisis multifacética que atraviesa Cuba, una crisis que parece lejos de resolverse.
A medida que se alargan los apagones, la paciencia de los cubanos se agota. Las temperaturas de hasta 35 grados y la proximidad del nuevo curso escolar solo agravan una situación que ya era insostenible. Mientras tanto, la Guiteras, lejos de ofrecer la tan necesaria estabilidad, sigue sumida en la oscuridad, dejando a todo un país en vilo.
Aun y cuando no hay nada que celebrar cuando el país está en crisis y la gente no puede ni siquiera conservar sus alimentos, otros no pueden dormir, y miles son picados por los mosquitos, la Unión Eléctrica publicó varios post bien triunfalistas. La actitud de la Unión Eléctrica ha sido percibida como desconectada de la realidad, lo que ha intensificado las críticas hacia la gestión del sistema energético en Cuba.
La situación ha dejado a estos residentes en el SW de Miami en una lucha constante por recuperar la normalidad en sus vidas mientras esperan una solución definitiva.
Ramiro Valdés subrayó que medidas sencillas como apagar luces innecesarias podrían significar un gran alivio para el sistema energético nacional, según se reiteró en una publicación en la red social X.
la situación en Juraguá y otras partes de Cuba destaca la urgencia de abordar la crisis energética de la isla. Los habitantes de Cienfuegos, con sus cazuelas resonando en señal de protesta, han dejado claro que ya no están dispuestos a soportar más apagones y que es necesario un cambio inmediato para mejorar las condiciones de vida en la isla.
La dependencia de las importaciones y la incapacidad de generar suficiente energía han dejado al país en una posición precaria, donde las soluciones propuestas parecen insuficientes para abordar los problemas subyacentes. La realidad de Cuba es una de agobio constante para sus ciudadanos, quienes deben adaptarse a un sistema que no produce ni genera lo necesario para sostener una vida digna y estable.
La falta de electricidad es una de las angustias actuales para que solo la mitad de la población cubana reciba el preciado líquido de manera estable. La sequía, la falta de red de distribución, roturas en las conductoras, robo de combustible y de tuberías, falta de combustibles y piezas para mover las llamadas pipas, son otras de las causas.
La realidad es una en Cuba: no funcionan adecuadamente los servicios públicos. Ni el transporte, ni la salud, ni la educación (la falta de maestros es cada día más notable en la escuelas) y la población está cada vez más descontenta y presionada por la crisis económica y las dificultades cotidianas.
los apagones no solo son un reflejo de una crisis energética, sino también de una crisis social y económica más amplia que sigue desafiando la estabilidad de Cuba. A medida que el calor del verano se acerca, la presión sobre el sistema eléctrico y sobre los líderes del país solo tiende a aumentar, poniendo a prueba la resiliencia y la paciencia de toda una nación.