La gran apuesta de Trump y Rubio: apretar a Cuba sin romperla, cambiarla sin invadirla

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La política de la administración Trump hacia Cuba en esta nueva etapa es, a la vez, más agresiva y más calculada de lo que aparenta. No se trata de una confrontación impulsiva sino de una estrategia diseñada con precisión quirúrgica por un equipo en el que el secretario de Estado Marco Rubio juega un papel central y determinante.

Los últimos días han ofrecido una secuencia de señales que, leídas en conjunto, permiten trazar el mapa de esa estrategia. Trump declaró públicamente que quiere «dar un vuelco» a Cuba y que la isla «está pidiendo ayuda», al tiempo que ofrecía un paquete de apoyo valorado en 100 millones de dólares si el régimen accedía a negociar. La respuesta del gobierno cubano, según reportó MSN, fue de apertura cautelosa: La Habana dijo estar dispuesta a «examinar» la propuesta, sin comprometerse a nada concreto. Rubio, por su parte, fue más directo: el régimen tendrá más sanciones si no responde, y la Casa Blanca no necesita resolver primero el frente iraní para ocuparse de Cuba.

El Wall Street Journal describió la situación con una imagen gráfica: Trump está apretando el «squeeze play» sobre Cuba, una expresión del béisbol que implica presión simultánea en varios flancos sin dejar escapatoria. El New York Times, a su vez, tituló la historia como «el fin sin caos», dando cuenta del plan que Washington habría elaborado para desmantelar el régimen de GAESA sin provocar el colapso total que generaría la crisis migratoria que los propios exfuncionarios de inteligencia ya advierten.

En ese contexto, la visita del director de la CIA John Ratcliffe a La Habana para reunirse con funcionarios del régimen cubano no fue un gesto de distensión sino una pieza del mismo tablero: hablar directamente con el adversario, evaluar su fragilidad real y calibrar cuánta presión más puede soportar antes de fracturarse. El opositor José Daniel Ferrer, desde dentro de Cuba, advirtió en declaraciones a Crónica Global que Rubio podría incluso dilatar la liberación de presos políticos si eso beneficia al voto cubanoamericano en Florida, lo que añade una dimensión electoral al cálculo diplomático.

Desde el exilio, las lecturas son diversas. Jorge Mas, figura prominente de las organizaciones anticastristas, advirtió a EL PAÍS que el modelo venezolano que Trump utilizó con éxito relativo no es replicable en Cuba, por diferencias estructurales y geopolíticas que hacen de la isla un caso único. El exalcalde de Miami, en entrevista con Periódico Cubano, describió la estrategia de Trump como «una boa»: lenta, constante, sin necesidad de morder para matar. Y el diario The Guardian, en un editorial crítico, cuestionó la premisa entera: Trump dice que puede hacer «lo que quiera» con Cuba, pero la isla no le pertenece.

En Miami, más de un centenar de organizaciones de la diáspora presentaron esta semana una «hoja de ruta para una Cuba libre y próspera», según recogió Telemundo Miami, en un intento de ofrecer al gobierno de Washington una visión de la transición que vaya más allá del desmantelamiento del régimen y contemple la reconstrucción institucional del país. La pregunta que nadie puede responder todavía es si esa hoja de ruta llega a tiempo.

Fuentes: 14yMedio, MSN, AOL.com, WSJ, The New York Times, EL PAÍS, Crónica Global, The Guardian, Telemundo Miami.

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