Empresaria cubana con historial de trabajo serio en EE.UU. enfrenta deportacion y no se lo puede creer

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Una empresaria cubana con salón de belleza en Miami enfrenta una orden de deportación y asegura no poder creerlo. Con tanta gente que ha venido y viene «a inventar» a los Estados Unidos, inmigrantes como ella no merecen ser expulsados del país.

«Me dieron una orden de deportación. Todavía no me puedo creer esta noticia», dijo la joven, cuya orden es de expulsión a Ecuador, no a Cuba, por la ruta que siguió para llegar al país. Su esposo y su madre recibieron órdenes similares.

Llegó con sueños, abrió su salón y tuvo a su hija aquí. Ahora la quieren deportar, y ni siquiera a Cuba

Leidys Barrabí, una madre cubana de 25 años que construyó desde cero un salón de belleza en Miami, atraviesa lo que describe como el momento más difícil desde que llegó a Estados Unidos hace cuatro años: recibió una orden de deportación que pone en riesgo todo lo que edificó. «Me dieron una orden de deportación. Todavía no me puedo creer esta noticia», expresó la joven al hacer pública su situación, primero en un video en redes sociales que se volvió viral y después en una entrevista con el programa Encuentro Virtual, de Telemundo 51.

Barrabí cruzó la frontera de Estados Unidos en 2022, tras una travesía que inició en Nicaragua, con la esperanza de construir una nueva vida. Como miles de cubanos que ingresaron en esos años, recibió un formulario I-220A, una orden de supervisión que no equivale a una admisión formal en el país y que ha dejado a muchos migrantes de la isla en un limbo legal, sin acceso automático a la residencia bajo la Ley de Ajuste Cubano. Una vez establecida en el sur de Florida, comenzó desde abajo: estudió, obtuvo su licencia de cosmetología y, junto a su esposo —que también posee un I-220A—, logró abrir su propio salón de belleza.

Hoy, además de dueña de su negocio, Barrabí es madre de una bebé de apenas seis meses nacida en Estados Unidos. Por eso asegura que una eventual expulsión no solo la obligaría a abandonar el país, sino a desmantelar la vida que levantó con años de esfuerzo. «Soy una madre cubana que llegó a este país hace cuatro años con muchos sueños y ganas de salir adelante. Después de años de sacrificio, de levantar mi negocio desde cero, de construir un salón exitoso en Miami y crear una vida estable para mi hija y mi familia, recibí esta noticia», relató.

El caso tiene un elemento que lo distingue de otros: la orden que recibió es de deportación a Ecuador, y no a Cuba, debido a la ruta que siguió para llegar a Estados Unidos. La situación golpea además a toda su familia. Según contó, su madre —abuela de la bebé— también recibió una orden de deportación, al igual que su esposo. «No sé qué va a pasar mañana, pero confío en Dios», afirmó la joven, que ha optado por dar visibilidad pública a su historia con la esperanza de llamar la atención sobre lo que, asegura, viven otros cubanos en su misma condición.

La historia de Barrabí se inscribe en un momento de fuerte presión migratoria sobre la comunidad cubana. Miami se ha convertido en uno de los principales focos de arrestos de inmigrantes del país, y las detenciones de cubanos aumentaron alrededor de un 463 % entre finales de 2024 y comienzos de 2026, según datos recopilados por organizaciones de seguimiento migratorio. En los primeros cinco meses de 2026, cerca de 612 cubanos fueron deportados desde Estados Unidos en 18 operaciones distintas, y se estima que existen más de 42.000 órdenes de deportación activas contra ciudadanos cubanos.

La figura del I-220A está en el centro de esa incertidumbre. Se trata de un documento que numerosos cubanos recibieron al ingresar por la frontera y que, a diferencia del parole, no les abre de forma automática la vía a la residencia permanente. Una orden de deportación, no obstante, no siempre significa una expulsión inmediata ni el cierre definitivo del caso: por lo general, el afectado tiene derecho a apelar ante la Junta de Apelaciones de Inmigración (BIA) dentro de un plazo determinado, aunque el Departamento de Justicia propuso en febrero de 2026 reducir ese margen. El abogado de inmigración Avelino González, que no está vinculado al caso, analizó en la entrevista las opciones legales que podrían tener otros cubanos en situaciones parecidas. Por su parte, Barrabí ha insistido en que no piensa rendirse: «Seguiré luchando más fuerte que nunca».

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