El malestar crece en Cuba, pero el poder político se mantiene intacto

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La combinación de una crisis económica agravada por la escasez de combustible, un aumento sostenido de protestas y una estructura de poder que se mantiene intacta está configurando en Cuba un escenario de creciente tensión, aunque todavía lejos de un levantamiento popular capaz de poner en jaque al sistema político.

Reportes recientes de The New York Times documentan un incremento notable de manifestaciones en distintas zonas del país, con expresiones que van desde cacerolazos nocturnos hasta acciones más inusuales como el asalto a una sede del Partido Comunista en Morón, en el centro de la isla. Ese tipo de episodios, poco frecuentes en la historia reciente cubana, reflejan un malestar social que se ha intensificado en paralelo al deterioro de las condiciones de vida, marcado por apagones prolongados, escasez de alimentos y dificultades en el sistema sanitario.

Sin embargo, el aumento de la protesta no ha venido acompañado de una articulación política que permita canalizar ese descontento. La ausencia de una oposición organizada dentro del país, sumada al éxodo masivo de cubanos en los últimos años, limita la posibilidad de estructurar un movimiento con capacidad real de disputar el poder. La represión posterior a las protestas de 2021 y la criminalización de la disidencia han reforzado ese escenario.

Al mismo tiempo, el análisis de CNN en Español sobre la estructura del poder en la isla muestra que el sistema político conserva sus principales pilares. Figuras históricas como Raúl Castro y Ramiro Valdés continúan influyendo en las decisiones estratégicas, mientras el presidente Miguel Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero encabezan la gestión institucional. A esto se suma el peso de las Fuerzas Armadas y su entramado empresarial, que controla sectores clave de la economía.

En ese contexto, el deterioro económico no ha derivado en una fractura visible dentro del aparato estatal ni militar, un elemento que históricamente ha sido determinante en procesos de cambio político en otros países.

El factor externo también juega un papel central. La política de presión impulsada por Donald Trump, que ha restringido el suministro de petróleo hacia la isla, ha contribuido a agravar la crisis energética y, con ello, el malestar ciudadano. Pero al mismo tiempo, ofrece al gobierno cubano un argumento para atribuir el deterioro a factores externos y reforzar su narrativa política.

Aunque las protestas han aumentado en frecuencia y visibilidad en Cuba, distintos analistas coinciden en que, en las condiciones actuales, es poco probable que se transformen en un levantamiento generalizado capaz de desestabilizar al gobierno. La combinación de descontento social creciente y un sistema político que mantiene el control define, por ahora, el equilibrio inestable en el que se encuentra Cuba.

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