Trump entierra el hacha de guerra y se rinde ante la España campeona del Mundial 2026

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El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, decidió hacer a un lado las recientes asperezas geopolíticas para celebrar por todo lo alto el triunfo de la selección española de fútbol. Tras presenciar en vivo la victoria de «La Roja» sobre Argentina en la gran final del Mundial 2026, celebrada este domingo en el icónico estadio MetLife de Nueva Jersey, el mandatario deshizo cualquier rastro de tensión diplomática y llenó de elogios al conjunto europeo.

Las impresiones del líder estadounidense fueron compartidas ante los medios de comunicación en la Base Conjunta Andrews, instantes después de aterrizar a bordo del Air Force One en su retorno a la capital del país. Al ser interrogado sobre el reñido encuentro, que se definió a favor de los españoles con un marcador de 1-0 en la prórroga, Trump no escatimó en reconocimientos deportivos. Fiel a su estilo directo, señaló: «Diría que España ha jugado mejor, la verdad, pero ambos lo han hecho bien. Parecía que España dominaba, pero ha sido un partido muy igualado, así que fue genial».

Para no dejar dudas sobre su disfrute del espectáculo, el presidente reiteró su análisis de la final mundialista. En sus propias palabras, reafirmó la calidad del choque al comentar: «Creo que ambos jugaron bien. Parecía que España dominaba, pero fue un partido muy cerrado, así que fue genial, fue un gran evento».

El protagonismo de Trump no se limitó a las gradas. Durante la ceremonia de premiación, el mandatario subió al escenario junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para entregar el trofeo al capitán español, Rodri Hernández, ante la mirada de 82.500 almas. Este acto regaló una de las imágenes más virales de la jornada, ya que el líder republicano se quedó inmóvil en la tarima tras ceder la copa, obligando a los jugadores a esperar su salida para poder alzarla, mientras un apresurado Infantino intentaba guiarlo fuera del encuadre de las cámaras.

Sin embargo, el aspecto que más revuelo causó fue su repentino cambio de postura respecto a las relaciones con Madrid. Despejando cualquier duda sobre un posible conflicto bilateral, Trump aseguró: «He hablado con España y los he felicitado por tener un gran equipo. He hablado con muchísima gente». Para rematar la idea de una paz institucional, fue categórico al sentenciar: «No tengo ninguna tensión con nadie».

Esta sorpresiva amabilidad contrasta radicalmente con el áspero discurso que el mismo Trump pronunció hace apenas 12 días. En el marco de la cumbre de la OTAN en Ankara, el mandatario había atacado duramente al país ibérico, tachándolo de «causa perdida» y catalogándolo como un «aliado horrible», al punto de amenazar verbalmente con la ruptura de los lazos comerciales. En aquel momento, sus duras palabras frente a la prensa fueron: «España es un desastre. España es terrible. No es un buen grupo dentro de la Alianza Atlántica».

El origen de este enfado respondía a fricciones estratégicas muy puntuales. El gobierno encabezado por Pedro Sánchez se había negado a incrementar su presupuesto de defensa para alcanzar el 5% del PIB que exigía Washington, además de prohibir el uso de las bases militares de Morón y Rota para operaciones estadounidenses orientadas contra Irán. Como medida adicional, España había clausurado su espacio aéreo a los aviones norteamericanos vinculados a dicho conflicto.

Pese a este turbulento historial reciente, el palco de honor del estadio MetLife sirvió como escenario para una tregua diplomática. Allí, Trump estrechó cordialmente la mano de Pedro Sánchez, así como las del rey Felipe VI y la reina Letizia. En esta zona exclusiva también convergieron los líderes de las otras naciones coanfitrionas: la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney.

El encuentro cumbre coronó una noche mágica para España, que gritó campeón por segunda ocasión en su historia gracias a un agónico gol de Ferrán Torres en el minuto 106 del tiempo extra, rompiendo así una sequía de 16 años desde su primera gloria en Sudáfrica 2010.

Aprovechando el ambiente festivo, Trump sacó pecho por la capacidad organizativa de su nación. Evaluando el impacto del torneo, presumió: «Nunca ha habido nada igual, probablemente en cuanto a eventos, y mucho menos en cuanto a fútbol». Luego, elevó las cifras a su manera, argumentando sin citar fuentes exactas: «Ha sido cuatro veces mayor que cualquier otra que haya celebrado la FIFA. Y probablemente sean unas cinco veces, de hecho, según me dicen hoy».

El entusiasmo fue tal que el político estadounidense deslizó, entre bromas, la idea de que Estados Unidos podría prescindir de México y Canadá en el futuro para presentar una candidatura mundialista en solitario. Finalmente, concluyó su intervención subrayando el éxito de imagen que el evento representó para Norteamérica, asegurando que la Copa del Mundo «ha mostrado a nuestro país desde una perspectiva diferente» y logró que innumerables turistas extranjeros pudieran «enamorarse» de la nación.

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