El humorista cubano Loky Kubah se convirtió en un fenómeno viral al retratar con humor negro una realidad que viven miles de cubanos: el precio del aceite sube mientras el comprador intenta reunir el dinero. El sketch superó el millón y medio de reproducciones.
Una trabajadora por cuenta propia conocida como Lety Lety mostró en video lo que pagó por los jugos de su hija enferma: 300 pesos la caja y 500 la lata. Su denuncia viral retrata una inflación real cercana al 70% frente a salarios de menos de 6,000 pesos.
Las largas filas frente a las sucursales bancarias se han convertido en una escena cotidiana en Cuba. La escasez de efectivo, las restricciones para retirar dinero y el fracaso parcial del proceso de bancarización mantienen a miles de cubanos durante horas esperando para cobrar un salario que, en muchos casos, ni siquiera logran retirar por completo.
Barry Callebaut advirtió que El Niño puede elevar los precios del cacao y encarecer el chocolate, en medio de una industria afectada por clima, costos y volatilidad.
Un reciente recorrido por los mercados informales de Bayamo, en la provincia de Granma, ha revelado precios exorbitantes para productos básicos. El cartón de huevo se vende a 4.000 pesos, la libra de azúcar a 400 y el litro de aceite a 1.500, cifras que superan el salario mensual de muchos cubanos. La situación refleja una creciente presión inflacionaria en el país, que afecta la capacidad de compra de la población.
Robos de animales, inflación descontrolada, falta de combustible y pagos que no llegan están empujando a los campesinos cubanos a un límite peligroso. Entre la desesperación social y el colapso institucional, producir alimentos en Cuba se vuelve cada vez más inviable, con consecuencias directas para la escasez que vive el país.
en notas del Banco Central, en conceptos que suenan científicos con promesas del pronto establecimiento de un mercado cambiario estable. Pero ahí afuera la vida transcurre en otra dimensión: la del salario que se evapora, la del huevo que dobla su precio en una semana, la del aceite que aparece dos días y luego se esconde un mes. Lo que el Estado llama “moderación” es, en la vida real, una especie de agónico sostenimiento a base de inventos.
Una cubana que padece chikungunya asegura que nunca había sentido un dolor semejante, ni siquiera durante el parto, y su relato ha encendido un debate sobre cómo el virus está reescribiendo la escala de los dolores en Cuba. La enfermedad, ya de por sí devastadora, golpea aún más fuerte en un país donde la inflación, los apagones, la falta de medicamentos y la precariedad sanitaria convierten cada síntoma en una carga casi imposible de sobrellevar.
más allá de la contentura porque la gasolina ha bajado, la pregunta seria es si ese eventual cheque compensaría lo que el hogar promedio de Miami viene pagando de más en el mercado desde que Trump volvió al poder en enero de 2025.