Kristin Smart tenía apenas 19 años cuando desapareció en mayo de 1996 en San Luis Obispo, California. Paul Flores fue condenado en 2022 por su asesinato y sentenciado en 2023 a 25 años a cadena perpetua. Sin embargo, el cuerpo de la joven nunca ha sido encontrado. Una nueva búsqueda en 2026 tampoco logró recuperar sus restos, aunque las autoridades dijeron haber hallado indicios de posible presencia humana en una propiedad vinculada al caso.
El 21 de diciembre de 2024, seis cubanos desaparecieron en Barra de San José, Chiapas, tras confiar en traficantes que prometían llevarlos a Juchitán, Oaxaca. Sus familias aguardan noticias en un caso que refleja los peligros de la migración irregular desde Cuba.
Desapareció el 12 de abril en Buenos Aires. Nueve días después, su hermana y cientos de cubanos que compartieron su foto recibieron la mejor noticia posible.
Asesinatos, muertes tras desapariciones, profanación de cementerios y delitos comunes marcan una nueva escalada de violencia en varias provincias cubanas.
El accidente ferroviario en Adamuz dejó al menos 40 muertos y decenas de heridos. Dos cubanas figuran entre las afectadas: una hospitalizada y otra desaparecida.
Familias en la isla y fuera de ella, buscan a dos cubanos desaparecidos tras salir de Georgia rumbo a Turquía. No hay contacto desde el 17 de diciembre.
las publicaciones terminan de la misma manera: pidiendo que cualquier persona que haya visto a estas mujeres o a este joven en Guyana, se comunique a los números de contacto que dejaron sus familiares.
Más allá de este caso, la publicación ha reactivado conversaciones sobre la cantidad de historias inconclusas que dejó aquel éxodo y sobre la necesidad de articular redes cívicas que ayuden a cruzar datos de manera responsable, protegiendo la privacidad pero favoreciendo los reencuentros. Para Marta, Roberto y Esteban, se trata, ante todo, de un acto de memoria: saber qué fue de su madre y, si es posible, volver a abrazarla. Si no, al menos conocer su destino para poder cerrar una herida que lleva 45 años abierta.
Dos historias distintas, un mismo mapa de vulnerabilidad. El itinerario que lleva a muchos cubanos hasta Rusia, ya sea por promesas laborales o por el señuelo de un pasaporte y un pago rápido, choca de frente con la realidad de un país en guerra y con un sistema migratorio opaco para los recién llegados. Hoy, la familia de Yoelsi espera señales desde un frente que traga nombres; la de Jonathan, una puerta de salida desde un centro de retención. En ambos casos, la visibilidad es la primera herramienta para romper el bloqueo del silencio.
Las familias, desesperadas, confían en que la ciudadanía pueda hacer lo que hasta ahora las autoridades no han logrado: encontrarlos y traerlos sanos de vuelta a casa.
Todo comenzó cuando Napari zarpó desde la costa peruana en una pequeña embarcación pesquera. Lo que debía ser una jornada rutinaria de trabajo terminó convirtiéndose en una pesadilla cuando el motor de su bote falló, dejándolo a merced de las corrientes marinas. Sin medios para comunicarse y sin esperanza de ser rescatado de inmediato, Napari se vio obligado a recurrir a métodos extremos para subsistir.
Estas desapariciones no son hechos aislados. En los últimos meses, otros casos han conmocionado a la población, como el de un joven desaparecido mientras cumplía el Servicio Militar Obligatorio en La Habana o el de una anciana que se perdió en Trinidad tras salir a buscar su ganado.