Así, mientras las publicaciones de corte especializado subrayan la fidelidad del mercado canadiense y la inversión en renovaciones hoteleras, los reportes independientes apuntan a que las condiciones internas del país siguen minando la experiencia de los viajeros y, por tanto, restando atractivo al destino.
A fines del pasado año la Unión Eléctrica aseguró que los apagones en Cuba irían disminuyendo en 2025 con la entrada en funcionamiento de al menos 55 parques fotovoltaicos pero la realidad ha demostrado lo contrario. O sea ha desmentido la afirmación de las autoridades una vez más.
García Granda reconoció los desafíos que enfrenta el turismo en Cuba, entre ellos los apagones y la caída del número de visitantes, pero sostuvo que el gobierno ha tomado medidas para evitar que esos problemas afecten al sector hotelero.
Todos, usan la ironía, el testimonio, el arte, la fotografía o la poesía para retratar lo que el noticiero no dice. Sus muros personales se han convertido en trincheras de autenticidad, en un país donde fingir cuesta menos que hablar claro.
La gente en Cuba sigue cocinando con leña o carbón, perdiendo comida por falta de refrigeración, viviendo sin ventiladores en un verano que ya comienza, y sin esperanza de que el gobierno les diga la verdad sin maquillaje solar.
El cinismo popular, como resistencia natural al absurdo, ya ha convertido el desastre energético en motivo de choteo nacional. Cada vez que una termoeléctrica “entra al sistema”, los cubanos bromean que otra, en efecto, “sale corriendo”. Dicen que hay un pacto no escrito —pero bien sincronizado— entre la Felton y la Guiteras: cuando una se pone el uniforme, la otra pide baja médica. En los barrios ya no se habla de averías, sino de “turnos” entre las plantas, como si jugaran a la soga o al escondido.
Sin embargo, lo que ningún boletín oficial menciona es que los contenedores no sustituyen una economía funcional. Que los donativos no arreglan la infraestructura colapsada ni devuelven la confianza a los ciudadanos que se lanzan al mar o cruzan selvas buscando un futuro que en su isla ya no ven posible. Que se puede aplaudir la solidaridad internacional, pero no usarla como coartada para evitar el verdadero debate: ¿cuándo comenzará Cuba a sostenerse por sí misma?
Un incendio registrado el sábado en la subestación eléctrica soterrada de Tallapiedra, en la Avenida del Puerto, provocó una interrupción masiva del suministro eléctrico en varias zonas de la capital
Desde noviembre, varias termoeléctricas del país han estado fuera de servicio al mismo tiempo, bajo el argumento de mantenimientos prolongados. Pero estos trabajos no fueron compensados con una generación alternativa suficiente. El resultado ha sido brutal: zonas con solo tres horas de electricidad diarias, día tras día, sin que nadie en la alta dirección de la Unión Eléctrica ofreciera explicaciones claras o reconociera el impacto de sus decisiones.
Las líneas telefónicas, por ejemplo, transportan un pequeño voltaje que puede convertirse en una fuente de energía improvisada para cargar dispositivos de bajo consumo como celulares o luces recargables.
Para millones de cubanos, el inicio del 2025 será un recordatorio de un sistema en crisis que no solo afecta la calidad de vida, sino que también perpetúa la desesperanza en una nación acostumbrada a sobrevivir en la penumbra.