Sandro Castro habla sobre su abuelo y reconoce el dolor que causó en la gente: «Me gustaría muchísimo ir a Miami»

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¿La entrevista más honesta de Sandro Castro? El nieto de Fidel Castro sueña con ir a Miami: Habla de los presos políticos, de Fidel y señala: «Sí, estoy consciente del dolor que causó».

El nieto de Fidel Castro reafirma que la Seguridad del Estado lo ha citado y otra vez dice: «el cubano quiere un cambio económico»

Sandro Castro, el nieto de Fidel Castro que se ha convertido en uno de los personajes más comentados de Cuba gracias a sus videos en redes sociales, concedió una nueva entrevista en la que habló sobre su infancia junto al expresidente, reconoció el dolor causado por el régimen a los cubanos, esquivó el tema de los presos políticos y dejó caer su deseo de viajar a Miami.

La conversación con Clara Cabrera, controvertido personaje residente en Miami con un modesto canal de Youtube y que se hace llamar «Clarita la Magnífica», ofrece el retrato más completo hasta ahora de un hombre que navega con calculada ambigüedad entre el privilegio de su apellido y la distancia que intenta poner entre él y la historia de su familia.

Cuando le preguntaron cómo fue Fidel Castro como abuelo, Sandro fue cuidadoso pero evocador. «Tengo recuerdos muy bonitos, pero lo veía muy poco. Era prácticamente un abuelo de todos. Él siempre estaba con su programación, con su labor… Hacía almuerzos y comidas familiares. En los cumpleaños me felicitaba. Yo siempre le pedía un chocolate.»

La imagen es casi tierna: el comandante que transformó Cuba y dividió al mundo, recordado por su nieto como alguien que repartía chocolates en los cumpleaños. Sandro aclaró que creció consciente de quién era su abuelo, pero que llevó esa responsabilidad «como una persona libre.» Negó que existiera un protocolo de vigilancia o seguridad especial a su alrededor. «Yo hacía mi vida como un joven normal», dijo.

La pregunta más difícil de la entrevista llegó cuando le consultaron si era consciente del dolor que el régimen comunista de su abuelo había causado a los cubanos. Sandro no la esquivó del todo, pero tampoco la respondió de frente.

«Sí, estoy consciente de que hay mucha gente con dolor, con frustraciones. La política es complicada y a todos no les va a gustar… Y a veces pasan esas cosas en desenlaces políticos.»

La frase «a veces pasan esas cosas en desenlaces políticos» resume con elocuencia involuntaria la distancia que existe entre reconocer el dolor ajeno y asumir alguna responsabilidad sobre él. Décadas de exilio forzado, represión, presos políticos y miseria económica reducidos a «desenlaces políticos.» Para muchos cubanos dentro y fuera de la isla, esa formulación dirá más de Sandro Castro que cualquier video viral.

Cuando le preguntaron si pediría libertad para los presos políticos, Sandro recurrió al mismo escudo que usa habitualmente. «Mi contenido no es de política», respondió. Luego añadió que él también ha sido víctima de la censura: «La Seguridad del Estado me ha citado, ha interactuado conmigo sobre mi pensamiento político.»

La declaración es reveladora por lo que implica sobre el sistema en el que vive: incluso el nieto de Fidel Castro, con toda la protección que su apellido le otorga, ha sido citado por la policía política. Para un cubano común que pusiera el mismo tipo de contenido crítico en redes, la cita habría sido seguida de cargos, juicio y condena. Para Sandro, fue una «interacción.»

Sandro defendió su perfil empresarial con la misma energía con que esquiva los temas incómodos. «Soy empresario, soy creador de contenido. Faranduleo, pero con responsabilidades. Me gusta la fiesta», dijo. Sobre su bar EFE, ubicado en la avenida 23 del Vedado, minimizó su envergadura: «Muchos bares exitosos en Cuba son mucho más caros y más lucrativos que el mío. Diría que mi bar es de los más modestos, de los más sencillos, es una inversión rústica.» Aclaró que lleva trabajando desde los 12 años y que no puede abrir el local todos los días por la crisis energética.

El momento más llamativo de la entrevista llegó casi al final, cuando admitió lo que muchos cubanos no pueden ni soñar en voz alta sin consecuencias: su deseo de ir a Miami. «Me gustaría muchísimo ir a Miami, tengo muchas amistades allá y me gustaría conocer. También hay muchos medios de prensa.» La frase, dicha con la naturalidad de quien sabe que puede decirla, es en sí misma un privilegio. Para un cubano sin apellido político, expresar ese mismo deseo en público puede tener un precio muy distinto.

Sandro Castro sigue siendo, en esencia, lo que siempre ha sido: un hombre que vive en el centro exacto de todas las contradicciones de Cuba, con suficiente libertad para hablar y suficiente inteligencia para no decir demasiado.

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