FIFA condena deportación de árbitro somalí en Miami y critica el retraso en visados para la delegación de Irán

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La política migratoria de Trump golpea al Mundial 2026. No admitieron la entrada de un árbitro que venía para el Mundial en el aeropuerto de Miami e Irán tendrá que cruzar la frontera el día del partido: el caos migratorio que enfrenta la Copa del Mundo.

El árbitro somalí que iba a hacer historia fue enviado de vuelta a Estambul: así está afectando la política migratoria de Trump al Mundial 2026.

El Mundial 2026 aún no había comenzado y ya tenía su primera crisis diplomática. Omar Abdulkadir Artan, el mejor árbitro africano de 2025 y el que iba a ser el primer somalí en pitar un partido en una Copa del Mundo, llegó al aeropuerto de Miami el 6 de junio y no lo dejaron entrar. Lo mandaron de vuelta a Estambul. Y a pocas horas, Irán llegaba a Tijuana porque tampoco pudo instalarse en Arizona.

La FIFA confirmó que el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan no participará en el Mundial 2026 después de que las autoridades de Estados Unidos le negaran la entrada al país. Artan era el primer somalí seleccionado para arbitrar en una Copa del Mundo. Tenía 33 años, viajaba en una comitiva de nueve miembros africanos — tres árbitros y seis asistentes — y había sido nombrado el mejor árbitro africano de 2025 por la Confederación Africana de Fútbol.

La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza informó que el 6 de junio, un ciudadano somalí llegó al aeropuerto de Miami procedente de Estambul. Fue sometido a una inspección adicional y al término de la misma fue declarado inadmisible «debido a preocupaciones surgidas en el proceso de verificación de antecedentes» y se le negó la entrada. La CBP no ofreció detalles adicionales. Somalia es uno de los países cuyos ciudadanos están sujetos al veto de viaje impuesto por la administración Trump.

El árbitro, tras su regreso a Turquía fue recibido como un héroe. Además, sostuvo varias reuniones. La FIFA dijo que estudia cambiarlo de sede, para que oficie en México o en Canadá.

La FIFA subrayó que no tiene capacidad para influir en las decisiones migratorias del país anfitrión y confirmó que la situación de Artan «no cambiará por el momento». La Comisión de Árbitros del organismo activó sus planes de contingencia para reasignar los partidos que le correspondían al colegiado somalí.

El caso de Artan no es el único. La selección de Irán llegó a México el domingo 7 de junio después de semanas de incertidumbre sobre si podría participar en el torneo. Los problemas para tramitar visas llevaron anteriormente a que la delegación iraní trasladara su base de entrenamiento de Tucson, Arizona, a Tijuana, en la frontera con California. Al llegar, algunos miembros de la comitiva aún no tenían visados estadounidenses, entre ellos el secretario general de la Federación Iraní de Fútbol y su vicepresidente.

El secretario de Estado Marco Rubio había transmitido formalmente a los legisladores que no se permitiría el ingreso de ningún individuo vinculado a la Guardia Revolucionaria Islámica. Las visas para los jugadores llegaron apenas diez días antes del debut, el 15 de junio en Los Ángeles. Pero las condiciones son inéditas en la historia del torneo: el embajador iraní en México confirmó que el equipo deberá entrar y salir de suelo estadounidense el mismo día de cada partido.

El capitán del equipo, Ehsan Hajsafi, criticó abiertamente a la FIFA: «¿Por qué tan tarde? En el último año hemos vivido dos guerras impuestas en nuestro país. El equipo está al cien por ciento, pero esto no debería haber ocurrido así». El entrenador Amir Ghalenoei agradeció a México y a la FIFA por el apoyo logístico pero señaló que la llegada tardía les robó tiempo valioso para adaptarse a la diferencia horaria de doce horas.

Nunca antes en la historia del Mundial una selección participante había estado en guerra activa con uno de los países anfitriones. Irán y Estados Unidos mantienen un conflicto armado desde febrero de 2026. La FIFA ha insistido en separar el fútbol de la política, pero los hechos de los últimos días demuestran que en este torneo esa separación es imposible.

Un árbitro deportado. Una selección que entra y sale el mismo día. Y el Mundial que apenas empieza.

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