Ya ni el humor está a salvo en Cuba. Ulises Toirac lo advierte

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La detención del youtuber Eddy Ceballos alarma a la comunidad artística cubana; Ulises Toirac advierte sobre el peligro de las regulaciones de comunicación social.

Eduardo Ceballos lo sabía. Por eso grabó el video antes de que llegaran. Un mensaje corto, directo, pidiendo que lo difundieran si lo detenían. Lo detuvieron.

Su canal de YouTube, Despingovery Channel, combinaba recorridos por edificaciones abandonadas de La Habana con humor y crítica social. No tenía armas, no lideraba protestas, no organizaba nada. Tenía una cámara y un micrófono. El régimen cubano consideró que era suficiente para arrestarlo. Ahora podría enfrentar un juicio militar y hasta 10 años de cárcel.

Ulises Toirac, el humorista más conocido de la televisión cubana, salió a decir en Facebook lo que muchos piensan pero pocos se atreven a escribir: en Cuba, hacer humor crítico se ha convertido en un acto de riesgo. Pero… no es la primera vez. Recordemos el caso de Héctor Zumbado.

Despingovery Channel no era un canal de política. Era un canal de exploración urbana con humor. Ceballos recorría edificios en ruinas, instalaciones abandonadas, rincones deteriorados de La Habana, y los mostraba con una cámara y un tono irónico que sus seguidores reconocían como propio.

Ese estilo, que en cualquier otro país sería simplemente contenido de entretenimiento, en Cuba tiene una carga política inevitable: mostrar el deterioro de La Habana es mostrar el fracaso del régimen. No hace falta decirlo. Las imágenes hablan solas. La detención se produjo poco después de que Ceballos anunciara un nuevo episodio en el que planeaba explorar una antigua instalación militar. Eso fue suficiente. Los cargos específicos no han sido hechos públicos oficialmente, lo que en Cuba es casi una señal en sí misma: cuando el régimen no explica por qué arrestó a alguien, es porque la explicación lo dejaría mal parado.

Antes de ser detenido, Ceballos grabó un mensaje pidiendo que se difundiera en caso de que lo arrestaran. El gesto dice todo sobre el nivel de consciencia con que los creadores de contenido cubanos operan hoy: saben que pueden desaparecer, saben que el régimen los vigila y saben que la única protección posible es la visibilidad pública. El mensaje circuló. La comunidad artística y los usuarios de redes sociales reaccionaron con apoyo masivo. Pero el apoyo en redes no saca a nadie de una celda en Cuba, y menos cuando los cargos podrían derivar en un juicio militar. Esa posibilidad es la parte más grave del caso: un tribunal militar juzgando a un youtuber que hacía videos de edificios abandonados con chistes. La pena máxima que contempla ese escenario es de 10 años de cárcel.

Ulises Toirac habló, y eso también es una señal; aunque única

Ulises Toirac es, tal vez, el humorista más reconocido de la televisión estatal cubana. Que haya salido a pronunciarse públicamente sobre el caso de Ceballos es encomiable. Sobre todo porque fue, que se sepa, el único humorista cubano que lo ha hecho. Incluso, de la caterva de humoristas que viven en Miami, hubo unos cuántos que no dijeron ni J. Casi ninguno dijo nada. Habrá que ir a preguntar a Cíclope TV

Toirac publicó en su cuenta de Facebook su preocupación por las implicaciones del arresto para la libertad de expresión en Cuba, y advirtió específicamente sobre las regulaciones de comunicación social aprobadas en 2023, que permiten al régimen interpretar de manera subjetiva qué contenidos son «perjudiciales».

Esa subjetividad es la herramienta. Con una ley lo suficientemente vaga, cualquier chiste puede ser sedición, cualquier ironía puede ser propaganda enemiga y cualquier recorrido por un edificio en ruinas puede ser espionaje. Toirac lo dijo con la cautela de quien sabe que él también está en la mira. Lleva años navegando la frontera entre el humor permitido y el humor que incomoda al poder, y conoce mejor que nadie dónde están las líneas que el régimen dibuja y borra según le conviene.

Una ley hecha para callar

La Ley de Comunicación Social aprobada en Cuba en 2023 fue criticada desde el primer día por organizaciones de defensa de la libertad de prensa. Sus artículos establecen restricciones amplias y difusas sobre contenidos que afecten la «seguridad nacional», el «orden público» o los «valores de la sociedad cubana».

La amplitud deliberada de esas categorías es su función principal: no prohibir cosas concretas sino crear un clima de incertidumbre donde nadie sabe exactamente qué está permitido. Ese clima produce autocensura, que es más eficiente que la censura directa porque no requiere que el régimen actúe. Los creadores se censuran solos.

El caso de Ceballos rompe ese patrón porque él no se autocensuró. Siguió publicando, anunció el episodio sobre la instalación militar y pagó el precio. Su detención es ahora el mensaje que el régimen envía a todos los demás: la línea está aquí, y cruzarla tiene consecuencias.

Hace muchos años, un humorista cubano, padre de todos los humoristas actuales y los que se hacen pasar por humoristas, aparentemente cruzó esa línea. Su crítica mordaz, su humor ácido e irreverente contra burócratas y funcionarios llegó a tal punto que —es lo que siempre se ha dicho — uno de ellos mandó a «callarlo» con golpes.

Pero esa, es otra historia.

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