Ex funcionario CIA sobre argumentos para invadir Cuba: «Las acusaciones de amenaza militar son una caricatura»

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«Cuba no va a atacar Guantánamo»: el exdirector de la CIA en América Latina desmonta el relato de Trump

Fulton Armstrong lleva tres décadas estudiando la relación entre Washington y La Habana desde adentro. Fue miembro de la CIA, director de Asuntos Interamericanos en el Consejo de Seguridad Nacional con Clinton y asesor del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Participó esta semana en un foro en Galicia y habló con El Mundo. Lo que dijo merece leerse con calma, porque no viene de un activista ni de un simpatizante del régimen cubano. Viene de alguien que conoce cómo se fabrica un pretexto desde adentro.

Trump describe a Cuba como un «país fallido» que «solo va en una dirección: hacia abajo.» Marco Rubio, su secretario de Estado, dice que Cuba «no podrá esperarnos ni ganar tiempo» y que la probabilidad de un acuerdo negociado «no es alta.» El director de la CIA, John Ratcliffe, visitó la isla la semana pasada y advirtió que la ventana de negociaciones «no permanecerá abierta indefinidamente.»

Sobre esa base, la administración ha acumulado acusaciones: Cuba ayuda a Rusia y China, adquirió 300 drones militares, planea atacar la base de Guantánamo o instalaciones en Key West. Politico reveló que el Comando Sur elabora escenarios de acción que van desde ataques aéreos puntuales hasta una posible invasión terrestre. La imputación por asesinato de Raúl Castro, firmada el Día de la Independencia de Cuba por el fiscal general en funciones Todd Blanche, fue la pieza más reciente del rompecabezas.

«Eso es completamente absurdo»

Esa frase no la dijo Armstrong. La dijo el representante demócrata Jim Himes, el más alto cargo demócrata en el Comité de Inteligencia de la Cámara, cuando le preguntaron si Cuba representa una amenaza de seguridad nacional para Estados Unidos.

«El régimen cubano es un régimen deplorable, pero no es una amenaza de seguridad nacional más que Nicaragua. Es una locura decir que lo es, especialmente si se hace al servicio de una acción militar.»

Armstrong fue más técnico pero igual de contundente en The Hill: la diferencia entre que Cuba use drones para responder a un ataque versus lanzar uno es enorme.

«Las acusaciones de que Cuba atacaría la base de Guantánamo o algo dentro de EEUU están basadas en una caricatura de la doctrina cubana que no tiene respaldo en ningún comportamiento previo.»

En su entrevista con El Mundo, fue más lejos: «Trump está construyendo un relato a su medida para justificar una escalada contra Cuba.» Y añadió que los derechistas en Washington siguen creyendo que pueden provocar «el colapso del régimen» y con ello «un levantamiento del pueblo contra su gobierno» — una lógica que, según él, lleva décadas fallando y sigue fallando.

Siete exfuncionarios de inteligencia firman una carta

Armstrong no está solo. Un grupo de ex altos funcionarios de la comunidad de inteligencia estadounidense — incluyendo Philip Giraldi y Ray McGovern, ambos ex CIA, y Larry Johnson, ex funcionario de contraterrorismo del Departamento de Estado — firmaron una carta advirtiendo a Trump que una invasión a Cuba sería una guerra perdida. La carta, recogida por Directorio Cubano, pone sobre la mesa lo que muchos analistas internos saben pero pocos dicen públicamente: que la amenaza está sobredimensionada y que el costo humano y político de una intervención militar sería enorme.

El propio Trump dijo el 20 de mayo que no habrá escalada militar: «No creo que sea necesario. El lugar se está desmoronando.» Su apuesta, según CiberCuba, es que el régimen cubano colapse por su propio peso — una economía que ha caído más del 23% desde 2019, con una contracción proyectada de entre 6.5% y 7.2% solo en 2026, déficits eléctricos superiores a 1,850 MW en horario pico y un turismo que llegó a solo 35,561 visitantes en marzo.

Pero mientras Trump descarta la invasión con la boca, el Comando Sur planifica escenarios. Y mientras Rubio firma sanciones contra CUPET y la Unión Eléctrica, los cubanos enfrentan 33 grados en La Habana sin electricidad.

Armstrong critica el relato de Washington con argumentos sólidos y documentados. Pero su análisis no exonera al régimen cubano. La crisis energética no la crearon las sanciones de esta semana — viene de décadas de mala gestión y de un sistema que convirtió la electricidad en instrumento de control político. Los récords de presos políticos no los firma Rubio. El peso devaluado no lo destruyó la OFAC.

La pregunta que Armstrong deja implícita es la que nadie responde: ¿qué pasa con los cubanos mientras los dos gobiernos pelean el relato? La respuesta, por ahora, son apagones de 40 horas, 108 migrantes rescatados de coyotes en Brasil y una madre que escribe que su niña llora de hambre porque no hay luz para cocinar. Cientos de madres, miles, lo hacen. Otras, lo hacen en silencio.

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