El New York Times retrató a Sandro Castro no como simple influencer, sino como símbolo del privilegio, la desigualdad y las grietas del castrismo en la Cuba de 2026.
En una isla donde “resistencia creativa” se ha convertido en el mantra oficial para justificar la escasez, mientras el pueblo cubano común y corriente seguirá en la penumbra, viendo cómo los buchitos de luz que quedan iluminan solo a unos pocos privilegiados, en la fiesta de Sandro caben todos, siempre que sean “gente bonita”, sin otra preocupación que no sea enajenarse.