Desde la captura de Maduro en enero, el régimen cubano ha intensificado sus preparativos defensivos cada semana, mientras expertos advierten que su armamento envejecido y sus tropas visiblemente desnutridas revelan más debilidades que fortalezas.
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses el 3 de enero de 2026 —en la que murieron al menos 32 militares cubanos que custodiaban al mandatario venezolano— marcó un antes y un después para el régimen de La Habana. Desde entonces, el gobierno de Miguel Díaz-Canel ha intensificado su discurso defensivo de forma sostenida, ha declarado 2026 como el «Año de Preparación para la Defensa» y ha reactivado una doctrina militar de los años 80 que ningún especialista serio considera capaz de frenar a la mayor potencia militar del mundo.
Cada viernes, en distintos puntos de la isla, el régimen organiza acciones de preparación para la ciudadanía y reservistas. Cada sábado ha sido declarado día de defensa. Los medios estatales cubanos publican imágenes de civiles en entrenamiento militar, y Díaz-Canel ha comenzado a aparecer con creciente frecuencia vistiendo uniforme. El 1 de mayo, el propio gobernante fue explícito: «Estamos listos. Y lo digo con una profunda convicción que he compartido con mi familia, de dar nuestras vidas por la revolución».
La doctrina que el régimen ha desempolvado se llama «Guerra de todo el pueblo» y fue diseñada en los años 80 bajo Fidel Castro. Su premisa no es repeler una invasión estadounidense —algo que el propio Castro reconocía imposible— sino hacer que cualquier ocupación sea insostenible a través de la resistencia popular prolongada, al estilo de la guerra de guerrillas. Díaz-Canel ha presentado este marco como la respuesta a lo que él mismo describe como tres escenarios que Washington estaría manejando contra Cuba: provocar un estallido social mediante la asfixia económica, imponer un diálogo coercitivo para apoderarse de la economía de la isla, o ejecutar una agresión militar directa.
Las señales desde Washington
Del lado estadounidense, las señales no han ido en dirección tranquilizadora. El 10 de junio, el secretario de Guerra Pete Hegseth visitó la Base Naval de Guantánamo y entrenó con soldados, lanzando una advertencia directa al régimen cubano: «Ningún país en la Tierra puede igualar las capacidades de EE.UU.» Hegseth advirtió además que cualquier intento de Cuba de adquirir armamento con capacidad para alcanzar territorio estadounidense o la propia base de Guantánamo sería «una acción imprudente». Fue la segunda visita de un alto funcionario de la administración Trump a la instalación en pocas semanas: el 29 de mayo, el jefe del Comando Sur, general Francis Donovan, ya había revisado la seguridad del enclave.
El 28 de mayo, el medio Axios había revelado que la administración Trump estaba preparando planes de contingencia ante un posible colapso del régimen durante el verano de 2026, e incluso realizó ejercicios de simulación multiagencial ante escenarios de disturbios en la isla. El 11 de enero, Trump había llamado a Díaz-Canel para «hacer un acuerdo antes de que sea demasiado tarde» y calificó a Marco Rubio como «un próximo presidente de Cuba». El 29 de enero firmó una orden ejecutiva que clasifica a Cuba como una «amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad y la política exterior estadounidenses».
Un armamento que expone más debilidades que fortalezas
El problema del régimen es que su aparato defensivo muestra fisuras que ningún discurso puede ocultar. Siemon Wezeman, investigador del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), comparó el armamento cubano con «vehículos de los años 50», señalando que la mayor parte del material bélico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias data de las décadas de 1970 y 1980. Las capacidades aéreas y navales de Cuba son, en sus palabras, «extremadamente pequeñas». Un análisis de El Confidencial, basado en imágenes de los ejercicios militares recientes, observó desnutrición visible en las tropas y equipamiento en evidente mal estado, señales de que la crisis económica que agota al país afecta también a sus fuerzas armadas.
Raúl Castro, pese a sus más de 90 años y su deterioro físico visible, conserva su grado de General de ejército y envió una carta al Ejército Occidental por el 65 aniversario de su fundación en la que invocó la «Guerra de todo el pueblo» como base de la resistencia ante cualquier agresión externa. El mensaje refleja la encrucijada del régimen: sostener un relato de fortaleza defensiva mientras la economía se contrae a un ritmo que el propio gobierno estima en entre un 6,5% y un 7,2% para 2026.
[FUENTES]
ABC España – La Habana confía en estar preparada para una posible intervención militar de Washington
Infobae – La Habana confía en la defensa del pueblo frente a la superioridad militar de EE.UU.
CNN en Español – Cubanos se preparan para una «invasión» mientras EE.UU. intensifica las tensiones
Wikipedia – Crisis de Cuba de 2026


















