Estados Unidos intensificó en agosto su ofensiva contra Cuba en al menos tres frentes simultáneos: el secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró en Panamá que no descarta una acción militar y evadió responder si el Pentágono evalúa capturar a Miguel Díaz-Canel como hizo con Nicolás Maduro; el secretario de Estado, Marco Rubio, auguró que Cuba entrará en una "senda irreversible" antes de que termine el mandato de Trump; y Washington sancionó el 6 de agosto a ocho altos oficiales militares y cinco entidades cubanas. En paralelo, y de forma poco difundida, cinco relatores especiales del Consejo de Derechos Humanos de la ONU condenaron ese mismo día las sanciones estadounidenses, advirtiendo que están generando "una crisis en toda regla" y que podrían convertir a Cuba en una "Gaza silenciosa".
Tres declaraciones de esta semana definen el tablero diplomático alrededor de Cuba. La embajadora cubana en Washington acusó a EEUU de buscar apoyo interno para una intervención militar. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos pidió el levantamiento inmediato de las sanciones. Y representantes de organismos internacionales confirmaron que la ayuda a Cuba se mantendrá a pesar de las dificultades.
El régimen cubano ha activado su doctrina de la "Guerra de todo el pueblo" ante el temor a una intervención militar de EE.UU., con ejercicios semanales de reservistas y civiles, mientras analistas advierten que su armamento envejecido expone más debilidades que fortalezas.
El brigadier general estadounidense Arthur J. Garffer Jr. lanzó severas advertencias al gobierno de Miguel Díaz-Canel, sugiriendo un inminente cambio de régimen.
Antes de abordar su vuelo a Calcuta, Rubio respaldó a Trump sobre Cuba y el USS Nimitz ya navegaba por el Caribe. Luego se fue a hablar del Indo-Pacífico.
"Claro que caerán muchos cubanos, pero la opción es resistir." Lo dijo el embajador cubano en México, ante un auditorio que aplaudió. En Berlín, la viceministra prometió luchar "hasta el último aliento." Ninguno de los dos vive en Cuba.