La plataforma YoSíTeCreo en Cuba (YSTCC) anunció el cierre de su Observatorio de Feminicidios justo cuando abril ha concentrado varios de los casos más estremecedores del año en la isla. En el mensaje con el que comunicó la decisión, la organización explicó que ya no cuenta con recursos humanos ni materiales para sostener un registro que se ha vuelto cada vez más difícil en el contexto cubano, y describió la labor como una tarea emocionalmente desgastante, agravada por la censura, la represión contra el activismo y la crisis humanitaria. La plataforma precisó además que su trabajo conjunto con el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT) llega, al menos por ahora, hasta la publicación del Informe Anual 2025.
El cierre no ocurre en un vacío. Apenas en los primeros días de abril, los propios observatorios independientes habían advertido que 2026 ya acumulaba 13 feminicidios en Cuba al cierre de marzo, una señal de que la violencia machista seguía creciendo incluso antes del repunte de este mes. Ese subregistro, levantado por YSTCC y OGAT ante la ausencia de estadísticas oficiales públicas y sistemáticas, venía documentando además intentos de feminicidio y otros asesinatos por motivos de género.
El 7 de abril se produjo una secuencia especialmente dura. OGAT y YSTCC verificaron primero el feminicidio de Yarisleidis Saavedra Hernández, de 26 años, asesinada por su padre en su hogar de Las Maravillas, en San Juan y Martínez, Pinar del Río. Según la información recabada por las plataformas, la joven intentaba proteger a su madre de la violencia machista ejercida por él; el agresor se suicidó después. Ese mismo día fue asesinada Maylén Fernández Soriano, también de 26 años, en el poblado de San Juan, en Jesús Menéndez, Las Tunas. En su caso, el crimen fue cometido por su pareja y ocurrió delante del hijo pequeño que ambos tenían en común. Los observatorios subrayaron otro dato brutal: Maylén fue trasladada aún con vida en una carreta de bueyes, pero murió antes de llegar al hospital. Con esos dos casos, el conteo independiente subió a 15 feminicidios verificados hasta el 10 de abril.
Tres días después, el 10 de abril, Marian Pino Martínez, una joven de 23 años, madre de dos niñas y educadora de la primera infancia, fue asesinada presuntamente por su expareja en San Bernardo, Jagüey Grande, Matanzas. OGAT y YSTCC denunciaron que el feminicidio reabría el debate sobre la desprotección de las mujeres en Cuba y reiteraron su reclamo de una ley integral contra la violencia de género, protocolos efectivos, refugios, atención especializada y mayor transparencia institucional. Con el caso de Marian, la cifra verificada ascendió a 16 feminicidios en lo que iba de 2026.
La cadena no se detuvo ahí. El 13 de abril fue asesinada Yunia Lisset Bizet Sánchez, de 52 años, en el reparto Rosa La Bayamesa, en Bayamo, Granma, tras ser atacada en la vía pública por su expareja. Alas Tensas destacó que la agresión ocurrió cerca de una escuela primaria y delante de niñas y niños, y añadió un dato especialmente grave: Yunia había denunciado previamente a su agresor. Con ese crimen, el registro conjunto de OGAT y YSTCC llegó a 17 feminicidios verificados hasta el 15 de abril, además de nueve intentos de feminicidio y un asesinato de hombre por motivos de género.
Junto a esos casos verificados, abril también ha dejado otras denuncias extremas que ayudan a entender el clima que rodea el cierre del observatorio.
En Bayamo circuló la denuncia sobre un agresor prófugo tras un ataque con arma blanca en Bueycito que dejó a varias personas heridas, entre ellas una joven, su madre en estado grave y una menor de edad.

También ganó visibilidad el caso de Yanisleydi González García, en Villa Clara, denunciado por activistas tras una secuencia de agresiones previas, una presunta retención bajo amenazas y la falta de una respuesta oficial visible. Ninguno de estos dos episodios forma parte, por ahora, del listado de feminicidios verificados, pero sí revelan un entorno de violencia extrema contra mujeres que se expande más allá de los casos ya confirmados.
En ese contexto, la salida de YSTCC deja un vacío evidente. El propio mensaje de despedida reconoce que el observatorio acumuló un saber colectivo construido por observadoras independientes, periodistas, comunicadores, familias sobrevivientes y una red de apoyo que permitió verificar y documentar casos durante cinco años. En la práctica, ese trabajo ayudó a poner nombre, fecha y contexto a crímenes que durante mucho tiempo quedaban sepultados entre rumores, silencios institucionales o simples publicaciones dispersas en redes.
La paradoja es dura: el observatorio se apaga justo cuando más falta hace una estructura que registre, contraste y preserve memoria. Porque el repunte de abril no es solo una suma de casos; es también una demostración de que la violencia machista sigue avanzando en un país donde no existe un sistema oficial transparente y sostenido de información pública sobre feminicidios.




















