Asesinan al propietario de un triciclo en Cienfuegos. Otros casos demuestran nivel de violencia en la Perla del Sur

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El asesinato del dueño de un triciclo en la sureña ciudad reactiva la alarma por ola de violencia en Cienfuegos, una ciudad que el año pasado vivió una semana terrible, con tres muertes, cuál de ellas más horrenda, en un mismo fin de semana.

El asesinato de Adonis Fuentes González, un hombre de 35 años atacado con armas blancas en la madrugada del 15 de abril cuando intentaba guardar su triciclo eléctrico para cargarlo, volvió a poner a Cienfuegos en el centro de una conversación cada vez más extendida en Cuba: la de una violencia que ya no aparece como hecho aislado, sino como suma de episodios que se acumulan, se repiten y dejan en la población una sensación creciente de desprotección.

Según la información difundida inicialmente por la página oficialista Las Cosas de Fernanda y retomada después por otros medios, el crimen ocurrió cerca de la Unidad de Tránsito, al costado de la secundaria Juan Olay, y los agresores le robaron la batería y el cargador del vehículo.

La muerte de Fuentes González, quien hasta no hace mucho se desempeñaba como cochero, no llega en un vacío. Cuballama lleva meses recogiendo un patrón que se repite en la provincia: apagones, calles oscuras, patrullaje irregular, porte de armas blancas y una secuencia de agresiones que, en lugar de cerrarse, parece abrir nuevos casos.

En octubre del año pasado, ocurrió el episodio violento en el malecón de Cienfuegos, donde un joven identificado por vecinos como Raídel Vico fue hallado con múltiples lesiones tras un ataque que combinó golpes y heridas de arma blanca. El texto conectaba ese hecho con otros ocurridos en 2025, entre ellos el doble asesinato de Luardy Aguiar Jiménez y Lester Leal a las afueras del bar “24”, otro homicidio en plena vía pública en el centro de la ciudad y el asesinato de una madre de 29 años en Pastorita.

Ese contexto, por sí solo, bastaría para explicar por qué el crimen del triciclero, oriundo de la barriada de Tulipán, no fue leído por muchos vecinos como un hecho excepcional, sino como una nueva pieza de una cadena ya demasiado larga. Otros apuntan a «la mala suerte». Adonis había decidido vender su coche para comprarse un triciclo, y justo esa «mejora de vida», le acarreó la muerte.

«Si hubiese seguido con su coche a lo mejor no le hubiese pasado eso», dijo a Cuballama Noticias una vecina del Bar Pedro.

Otras denuncias recientes recibidas desde la propia ciudad hablan de al menos tres hechos alarmantes. En uno de ellos, un hombre se metió en una vivienda cercana al Tribunal Municipal a plena luz del día, con los dueños dentro de la sala, y se llevó varias pertenencias tras amenazarlos a punta de cuchillo.

En otra denuncia, un médico del área III contó que dos hombres en una moto intentaron tumbarlo para robarle la motorina cuando salía de su casa; logró escapar porque estaba cerca y se refugió en su vivienda y pedir ayuda a sus vecinos, pero así y todo los delincuentes fueron atrás de él y desafiaron a los vecinos, sin importarle nada. Aunque se llamó a la PNR, esta nunca apareció.

Este hecho también sucedió a plena luz del día y ocurrió en Avenida 4ne esquina a una de las arterias más transitadas de la ciudad: la calle Gloria (calle 47).

No muy lejos de ahí, en la calle 6 NE, entre 55 y 53, varios individuos habrían irrumpido de madrugada en una vivienda armados con cuchillos. Rompieron la reja y la puerta, entraron hasta el cuarto donde dormían la pareja y una niña, y robaron cuanto pudieron mientras uno de ellos advertía al otro que el dueño de la casa se estaba moviendo. La mujer fue testigo de todo, pero presa del miedo prefirió hacerse la dormida y así salvar su vida.

Todos estos hechos ocurridos en la llamada Perla del Sur, apuntan en la misma dirección: miedo, impunidad y una ciudad donde la noche ya no se percibe como un espacio normal de circulación, porque debido a la oscuridad, cualquiera puede asaltarte de noche, sí, pero de día también. Sabedores de la crisis con el combustible, apuestan porque la PNR no llegue a tiempo o no llegue nunca, como en efecto sucede. La ciudad que durante años se vendió a sí misma como una de las más ordenadas y tranquilas del país aparece ahora, una y otra vez, en reportes de homicidios, asaltos y agresiones que ya no logran ser tapados con llamados genéricos a la calma.

Lo que vuelve especialmente sensible el caso de Adonis Fuentes es que la víctima no era un hombre sorprendido en una riña ni atrapado en una confrontación personal, sino alguien que regresaba de sus actividades laborales nocturnas y estaba a pocos metros de completar una rutina básica: parquear el triciclo y ponerlo a cargar. Era de día.

Ese dato conecta con otro elemento cada vez más visible en la crisis cubana: el robo violento de medios de transporte o de trabajo, especialmente en contextos nocturnos. En mayo de 2025, Cuballama advertía sobre la vulnerabilidad de quienes se ganan la vida transportando personas o usando motos y triciclos, al resumir casos de asaltos a transportistas informales y recordar incluso el crimen de un joven en Cienfuegos que, tras ser contratado para un viaje en moto, apareció muerto horas después.

Ese patrón de hechos de violencia que involucran a medios de transporte no se limita a Cienfuegos. En las últimas horas se ha conocido el caso de Dailier Urgellés Fransúa en Camagüey, un joven que murió tras recibir una herida de arma blanca en un hecho todavía bajo investigación. El suceso se ha presentado dentro de una cadena reciente de episodios violentos en el país, pero, a diferencia de otros casos, aquí las versiones que circulan no dibujan a una víctima pasiva ni a un hecho unilateral. Dailier no era precisamente el dueño de un bicitaxi, sino un cliente que abordó uno.

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Según múltiples testimonios difundidos en redes sociales y comentarios de personas que dicen conocer al entorno del hecho, Dailier no era ajeno a conflictos. Varios lo describen como “problemático” o “un elemento complicado”, alguien que ya había tenido incidentes previos. En esa línea, una de las versiones más repetidas apunta a que el enfrentamiento comenzó tras una discusión con un bicitaxista por el pago de un servicio, y que el propio Dailier habría sacado un cuchillo durante la disputa, lo que habría desencadenado la reacción que terminó costándole la vida.

Esa versión introduce un punto clave: no se trataría de un ataque fortuito ni de una agresión gratuita, sino de una escalada de violencia en la que el propio fallecido habría tenido un rol activo. De un acto violento al que se respondió con violencia.

Ahora bien, eso tampoco cierra el caso ni lo convierte automáticamente en un hecho “justificado”. Otras versiones, menos extendidas pero igualmente presentes, sostienen que fue apuñalado sin posibilidad de defenderse y abandonado sin auxilio, lo que abre otra línea completamente distinta sobre lo ocurrido.

En ausencia de una versión oficial clara, lo que queda es un escenario fragmentado donde cada relato intenta llenar el vacío con su propia lógica. Pero incluso tomando como válida la hipótesis de que Dailier inició la confrontación, el problema de fondo no desaparece. Al contrario, se vuelve más visible. Porque lo que se describe no es solo un conflicto entre dos personas, sino un entorno donde una discusión por dinero —por mínima que sea— puede escalar de inmediato a un nivel de violencia letal.

Ese es el punto que conecta este caso con el resto. No importa si la víctima era “tranquila” o “problemática”. No importa si hubo provocación previa. Lo que empieza a repetirse es el mecanismo: conflictos que se resuelven con armas blancas, ausencia de control en el momento y, después, silencio o falta de claridad institucional. Y cuando eso se vuelve frecuente, deja de ser una suma de casos aislados para convertirse en un clima.

No se trata tampoco del asesinato de un triciclero para robarle una batería y un cargador, por brutal que eso sea. Se trata de la percepción cada vez más extendida de que los robos se vuelven más agresivos, de que las entradas a viviendas se hacen con más audacia, de que salir de noche o simplemente volver a casa con un medio de transporte visible puede convertir a cualquiera en blanco.

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