De un vigilante presuntamente asesinado en un hospital de Las Tunas a un bicitaxero apuñalado en La Habana cuyos relatos se contradicen entre sí, pasando por un crimen familiar en Santa Clara con nombres que ni siquiera coinciden entre las propias fuentes: la violencia cotidiana en Cuba avanza más rápido que la información oficial que debería explicarla.