Ante la escasez de gas y apagones que inutilizan las cocinas eléctricas, un mercado informal de cilindros de gas florece en redes sociales, con precios y condiciones que varían enormemente entre vendedores.
Con apagones que en algunas zonas superan las 20 horas diarias, muchas familias cubanas que dependían de cocinas de inducción o eléctricas se han visto obligadas a buscar alternativas para preparar sus alimentos. En ese vacío ha florecido un mercado informal de balitas de gas licuado, cuya oferta se ha multiplicado en los últimos días en canales de Telegram y grupos de Facebook, según reporta el canal @DirectorioCubano.
La disparidad de precios es notable y responde tanto a la capacidad del cilindro como a la falta de cualquier regulación sobre esta actividad. Los cilindros de 10 kilogramos se ofrecen entre 30 y 40 dólares; los de 20 kilogramos, entre 45 y 60 dólares; y los de mayor capacidad, de 45 kilogramos, alcanzan precios de hasta 130 dólares, aunque algunos anuncios revisados llegan a pedir hasta 160 dólares por las unidades más grandes o con condiciones de entrega especiales.
Buena parte de estos vendedores ofrece servicio de entrega a domicilio —un valor añadido especialmente relevante para quienes no cuentan con medios para trasladar un cilindro pesado por sí mismos— y aseguran que las balitas llegan llenas y listas para usar, sin necesidad de entregar previamente un envase vacío a cambio. Un factor clave detrás del auge de este mercado es la posibilidad de pagar desde el extranjero mediante plataformas como Zelle, lo que permite que familiares emigrados paguen directamente el gas que consume su familia en la isla, sin que el dinero tenga que pasar primero por las manos de quienes están en Cuba.
Al no existir ningún tipo de regulación oficial sobre esta actividad, las condiciones de entrega, calidad y garantía varían enormemente entre un vendedor y otro, lo que genera un considerable vacío de confianza para los compradores. Por eso se recomienda a quienes buscan adquirir una balita verificar cuidadosamente, antes de pagar, el peso real del cilindro, si el precio anunciado incluye la carga completa de gas, el tipo de válvula y su compatibilidad con la cocina que se va a usar, el lugar exacto de entrega y cualquier condición de garantía que el vendedor ofrezca en caso de que el producto no cumpla lo prometido.
Más allá del negocio en sí, la proliferación de este mercado informal es un termómetro de la crisis energética cubana: refleja hasta qué punto los hogares han tenido que sustituir, por cuenta propia y a precios en dólares, un servicio que en teoría debería estar garantizado por el Estado.
[FUENTES INICIALES]
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