Tres posturas, un mismo problema: mientras Cuba denuncia una conspiración militar, un líder de la ONU pide levantar el bloqueo y el mundo promete seguir ayudando
Tres actores distintos hablaron esta semana sobre Cuba desde ángulos completamente opuestos. La diplomática cubana en Washington vio una conspiración. El jefe de derechos humanos de la ONU vio una injusticia. Y los organismos de ayuda internacional vieron una obligación. Los tres tienen razón en algo. Y los tres se quedan cortos en algo.
La embajadora cubana en Washington, Lianys Torres Rivera, condenó las sanciones impuestas por EEUU contra líderes cubanos y declaró que cualquier intento de cambiar el gobierno de la isla por la fuerza o la coacción encontrará una resistencia intensa. El régimen cubano ha ido más allá en sus declaraciones ante organismos internacionales, acusando a Estados Unidos de trabajar activamente para conseguir apoyo interno en la isla que justifique una eventual intervención militar, una narrativa que el gobierno de La Habana utiliza con regularidad para encuadrar la presión exterior como amenaza existencial.
El problema con esa narrativa no es que sea completamente falsa — las tensiones con Washington son reales y documentadas — sino que sirve también para desviar la atención de los problemas que el propio régimen ha generado y que ningún bloqueo externo puede explicar completamente: la corrupción estructural, la ineficiencia económica y la represión de cualquier voz disidente.
La ONU pide levantar las sanciones
Desde el otro extremo del debate, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió el levantamiento inmediato de las sanciones contra Cuba, argumentando que estas afectan desproporcionadamente a la población civil. El llamado de Türk no es nuevo — organismos internacionales llevan décadas pidiendo el fin del embargo — pero llega en un momento en que la crisis humanitaria en la isla tiene una dimensión que ya no puede minimizarse.
La postura de Türk tiene sustento real: las sanciones, el bloqueo petrolero y las restricciones financieras tienen consecuencias directas sobre la capacidad del país para importar medicamentos, combustible y alimentos. Pero la misma ONU que pide levantar las sanciones documenta también las violaciones de derechos humanos del régimen cubano, las detenciones arbitrarias y la represión de la disidencia. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo, y simplificar el debate a una sola causa no le hace justicia a ninguna de las dos.
La ayuda no se retira
En medio de ese cruce de declaraciones, representantes de organismos internacionales confirmaron que la cooperación humanitaria con Cuba se mantendrá a pesar de las dificultades económicas y logísticas. México, por su parte, envió esta semana un nuevo cargamento de ayuda humanitaria a la isla, en una señal de que el gobierno de Claudia Sheinbaum mantiene su política de apoyo a La Habana independientemente de la postura de Washington.
La ayuda internacional es necesaria. También es insuficiente, y todo el mundo que trabaja en ella lo sabe. Los problemas estructurales de Cuba no se resuelven con cargamentos de medicamentos ni con declaraciones de organismos internacionales, por más bien intencionadas que sean. Se resuelven con cambios que ningún actor externo puede imponer y que el régimen cubano lleva décadas negándose a hacer.

















