‘El Cangrejo’ rompe el silencio y se ofrece a negociar con Donald Trump

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En un retrato que contrasta abruptamente con la realidad de la isla, Raúl Guillermo Rodríguez Castro decidió mostrarse al mundo luciendo unas modernas zapatillas de la firma Hermès, una camiseta negra de la reconocida marca Hugo Boss y unos jeans de tono azul claro. 

Durante un inédito encuentro celebrado este lunes en La Habana con una periodista del diario estadounidense USA Today, el hombre de 42 años, popularmente conocido en las calles como El Cangrejo, sacó a relucir una pesada cadena de oro. De la joya colgaba un medallón grabado con las siglas «FCR» y «RCR», correspondientes a Fidel Castro Ruz y Raúl Castro Ruz, el cual sostuvo firmemente frente a su interlocutor para sentenciar: «Si hay algo en lo que creo, es en estos dos hombres».

Esta primera declaración concedida a un medio norteamericano tuvo como escenario el mismísimo despacho que su abuelo solía utilizar en el Palacio de Convenciones de La Habana, epicentro de la Asamblea Nacional. 

Aunque carece de una posición formal dentro del organigrama gubernamental, la influencia de Rodríguez Castro es innegable. Ostenta el grado de coronel del Ministerio del Interior y desde el año 2016 dirige la Dirección General de Seguridad Personal de Raúl Castro. La exclusividad de su rutina queda en evidencia cada mañana, cuando guarda los reportes de inteligencia clasificados que lee desde las 5 a.m. en un elegante maletín de cuero confeccionado por Salvatore Ferragamo.

La imagen de la costosa medalla dorada resume a la perfección su postura pública: se presenta como un guardián ideológico inquebrantable de la revolución, pero abrazando un nivel de vida y unos lujos que distan años luz de la austeridad pregonada por sus antecesores.

Durante la plática, El Cangrejo lanzó una propuesta audaz al ofrecerse como mediador directo para trazar el futuro de la nación caribeña con la actual administración de la Casa Blanca. Con notable seguridad, afirmó: «Puedo negociar con cualquier persona designada por EE.UU. Si se me da la oportunidad, claro que con Trump». Sin embargo, no tardó en delimitar su terreno ideológico y sus ambiciones personales, asegurando que «Nunca me ha interesado la política. Nunca ha sido una vocación mía. Pero si en algún momento la revolución me necesita, lo haré».

Esta inusual aparición mediática surge en uno de los momentos de mayor tensión para el régimen. El pasado mes de enero de 2026, la administración estadounidense implementó la Orden Ejecutiva 14380, la cual impone severos aranceles secundarios a cualquier entidad que provea petróleo a Cuba. 

El impacto de la medida ha sido devastador, desplomando las importaciones de combustible entre un 80% y un 90%. La consecuencia directa para el ciudadano de a pie se traduce en cortes eléctricos que superan las 25 horas seguidas y que castigan a más del 55% del territorio nacional, sumado a unos salarios de miseria que oscilan entre los 10 y 15 dólares al mes y una contracción proyectada del Producto Interno Bruto del -6,5% para este 2026.

El abismo entre su realidad y la del pueblo parece no serle ajeno, o al menos así intentó proyectarlo. En un tono reflexivo, el heredero admitió: «Me duele que mucha gente no pueda vivir como yo». A lo que añadió como justificación: «Me pesa cómo lucha la gente. Y trabajo cada día para cambiar esa situación». 

No obstante, este discurso choca frontalmente con los hallazgos de una reciente investigación periodística colaborativa, la cual documentó que el coronel realizó, como mínimo, unos 23 vuelos en jet privado hacia Panamá entre el año 2024 y finales de 2025, viajes destinados exclusivamente a compras de artículos de lujo.

El perfil de Raúl Guillermo no puede entenderse sin sus vínculos familiares. Frank Mora, académico especializado en relaciones internacionales de la Florida International University, lo describió con total franqueza: «Es el nieto preferido. Raúl Castro confió en su padre, y él es el nieto que más quiso». Cabe recordar que su progenitor fue el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, un hombre clave que hasta su fallecimiento en 2022 manejó las riendas de GAESA, el opaco conglomerado militar que domina la mayor parte de las finanzas de la isla.

En cuanto al origen de su peculiar seudónimo, la historia se remonta a su nacimiento, cuando vino al mundo con un dedo extra en su mano derecha, condición que lo llevó al quirófano en tres ocasiones antes de cumplir los ocho años de edad. Además, el entorno íntimo de la alta cúpula lo bautizó cariñosamente como Raulito, ya que desde su etapa adolescente se le permitía presenciar las reuniones de Estado y atestiguar los acalorados debates políticos entre sus tíos y su abuelo.

Al tocar el siempre delicado tema de los prisioneros por motivos políticos en Cuba, el coronel deslizó que La Habana estaría abierta a liberarlos «bajo condiciones adecuadas», aunque rápidamente matizó su respuesta con una frase evasiva, declarando que «La verdad no es absoluta».

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