Zoila Esther Chávez Pérez murió pidiendo ver a su hijo injustamente preso. Un año después, él sigue en la cárcel.
Un año después de su muerte, Zoila Esther Chávez Pérez sigue siendo el símbolo más doloroso de lo que el régimen cubano hace con las familias de los presos políticos. La activista Avana De La Torre la recordó este lunes en sus redes sociales con una frase que lo resume todo: «Encarcelan a los hijos y condenan a las familias a una espera cruel, enferma y desgarradora.»
Zoila falleció el 4 de mayo de 2025 en Encrucijada, Villa Clara, a los 84 años. Padecía un cáncer de vejiga con metástasis en la uretra y los riñones. En sus últimas semanas ya no podía hablar. No podía moverse. Pero en abril, cuando todavía le quedaba algo de voz, grabó un video suplicando que le permitieran ver a su hijo una última vez. El video recorrió las redes sociales de Cuba y la diáspora y conmovió a miles de personas.
Su hijo, el escritor y periodista independiente José Gabriel Barrenechea, llevaba preso desde noviembre de 2024, arrestado por participar en una protesta pacífica contra los apagones en Encrucijada. Era su único cuidador. Desde que lo encarcelaron, Zoila quedó sola, sin quien le llevara la comida, los medicamentos ni la compañía que necesitaba. Las organizaciones de derechos humanos, la sociedad civil cubana y figuras internacionales pidieron al régimen que le concediera a Barrenechea un permiso humanitario para ver a su madre antes de que muriera. La respuesta del jefe del penal La Pendiente, según documentó la Fundación para la Democracia Panamericana, fue: «El hijo verá a su madre cuando ella muera.»
Y así fue. Zoila murió el domingo 4 de mayo sin el abrazo que esperaba. En sus últimos momentos, según relató a CubaNet una fuente familiar, solo repetía un nombre en voz muy baja: «Gabi.»
La Embajada de Estados Unidos en Cuba expresó sus condolencias y señaló que su jefe de misión, Mike Hammer, había intentado visitarla días antes pero que la mujer ya no estaba en condiciones de recibir a nadie. Activistas, intelectuales y organizaciones de todo el mundo condenaron lo ocurrido como un acto deliberado de crueldad institucional.
Un año después, José Gabriel Barrenechea sigue preso. Y Zoila sigue siendo, como escribió Avana De La Torre, una madre cubana que murió esperando. Como tantas otras. Como las que todavía esperan hoy.




















