El huevo en la Isla de la Juventud: Cuatro por la libreta y a 50 pesos. En el Período Especial, estaba por la libre

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En los años terribles del Periodo Especial —del 1990 al 1993— en la Isla de la Juventud el huevo se podía comprar por la libre. Esta, es otra señal inequívoca de que las cosas, ahora, están peor que nunca.

La distribución de huevos en la Isla de la Juventud ha vuelto a evidenciar el deterioro sostenido de las condiciones de acceso a alimentos básicos en Cuba. Según una publicación reciente de Radio Caribe en Facebook, autoridades locales informaron que a partir de esta semana se comenzará la venta normada de huevos a la población mediante la red de bodegas, con una asignación de cuatro unidades por persona y un precio de 50 pesos cubanos por cada huevo.

La información fue ofrecida por Rafael Meriño, director de Comercio en el territorio, quien precisó que la distribución responde a la disponibilidad de pienso y a una “producción cooperada” que permite entregar al Estado una parte de lo generado. En total, se anunció una primera disponibilidad de poco más de 46 mil unidades, que serán distribuidas de manera paulatina en bodegas seleccionadas como El Lucero, Guisa, El Modelo, Amistad, Turquino y La Cordial, además de puntos destinados a dietas especiales.

Por su parte, Duvel Buchillon, directivo de la empresa avícola local, explicó que el esquema actual implica que los productores entreguen alrededor del 30 por ciento de su producción al Estado, lo que luego se canaliza hacia la red minorista bajo el sistema normado. La continuidad de la distribución dependerá, según indicó, de que se logren niveles suficientes de producción en las próximas semanas.

El anuncio, sin embargo, ha generado una reacción inmediata en redes sociales, donde decenas de comentarios reflejan malestar tanto por el precio como por el propio mecanismo de distribución. Usuarios cuestionan que un alimento básico dependa de asignaciones limitadas y señalan la contradicción entre el discurso oficial sobre el control de precios y la realidad de un producto que, incluso en el sistema estatal, resulta costoso en relación con los ingresos promedio.

En ese contexto, varios comentarios apuntan a una comparación directa con el mercado informal. Aunque el precio estatal de 50 pesos por unidad se sitúa por debajo de algunas ofertas privadas, donde el cartón de huevos puede alcanzar cifras entre 2.500 y 3.500 pesos, el diferencial no logra traducirse en accesibilidad real para amplios sectores de la población, especialmente jubilados y trabajadores estatales con salarios deprimidos.

Pero más allá del precio, lo que emerge con fuerza es el contraste histórico. Residentes de la Isla de la Juventud recuerdan que durante los años más duros del Período Especial en la década de 1990, el huevo llegó a comercializarse por la libre en determinados momentos, sin el actual esquema de racionamiento por persona. Aquel contexto estuvo marcado por una crisis profunda, con apagones prolongados y escasez generalizada, pero no había alcanzado todavía el nivel de estructuración actual en la distribución de productos básicos.

Hoy, en cambio, la escasez no solo persiste, sino que se administra a través de un aparato institucional que la regula, la explica y la dosifica. Conceptos como “primera vuelta”, “disponibilidad de pienso” o “producción cooperada” forman parte de un lenguaje que acompaña la distribución de cantidades mínimas, en un entorno donde la oferta no logra cubrir la demanda de manera sostenida.

El debate también deja al descubierto una percepción cada vez más extendida: la idea de que el Estado ha terminado operando bajo lógicas similares a las del mercado que durante años criticó. Comentarios de usuarios en la propia publicación señalan que los precios estatales se acercan cada vez más a los del sector privado, sin que exista una mejora equivalente en los ingresos.

El caso del huevo en la Isla de la Juventud no es un hecho aislado, sino un síntoma de un problema más amplio. La combinación de baja producción, dependencia de insumos importados, inflación y deterioro del poder adquisitivo ha convertido productos esenciales en bienes de acceso limitado. En ese escenario, la diferencia entre tener o no acceso a alimentos básicos ya no depende únicamente de la disponibilidad, sino del ingreso.

El resultado es una economía donde incluso los productos más elementales quedan sujetos a mecanismos de distribución restringida, con precios que desbordan la capacidad de compra de buena parte de la población. Y en ese cruce entre memoria y presente, el dato que queda es difícil de ignorar: en uno de los momentos más duros de la historia reciente del país, el huevo llegó a estar por la libre; hoy, se reparte a cuatro unidades por persona.

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