Cubanoamericano con familia en la isla habla desde EEUU: “no tienen comida, no tienen agua, no tienen electricidad”

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Un testimonio recogido por la televisora local WECT de Wilmington, Carolina del Norte, en el que un hombre que salió de Cuba a los 14 años, pero que todavía tiene allí a su tía, a su tío y a sus primos, y que dice conversar con ellos tres o cuatro veces por semana, vale menos por lo novedoso que por lo preciso.

En medio del tercer colapso nacional del sistema eléctrico cubano en cuatro meses, este cubanoamericano no describe una impresión vieja ni un recuerdo del país que dejó atrás, sino una rutina de seguimiento familiar sobre lo que está sucediendo allí ahora mismo. WECT subraya precisamente eso al presentar a Steve De Castro, como un residente de Wilmington que mantiene contacto constante con los suyos en la isla.

De Castro, que habló con su familia el día anterior, resumió el cuadro así: “With hardly any food, no electricity, no water, it’s almost like a third world country right now. That’s how bad it is”.

Traducido al contexto cubano de marzo de 2026, su frase enlaza tres carencias que en la isla ya no funcionan por separado: cuando falla la corriente, se compromete también el bombeo de agua; cuando se extienden los apagones, se echan a perder los pocos alimentos disponibles; cuando ambas cosas coinciden, la vida cotidiana deja de girar en torno a la incomodidad y entra en una lógica de mera supervivencia. El apagón nacional de esta semana dejó sin servicio a unos 11 millones de habitantes, según AP, en otro episodio que expone el deterioro de una red eléctrica envejecida y con escasez crónica de combustible.

De Castro aclara en su palabras que sus familiares están sanos, pero viven dentro de una precariedad estructural.

El cubanoamericano también formula una salida política sin rodeos. “The light at the end of the tunnel is a regime change for them”, dijo a WECT. Con décadas viviendo en los EE.UU. este cubanoamericano no está pidiendo un alivio puntual, sino diciendo que, a su juicio, el problema ya no es un apagón, sino el sistema que produce apagones, escasez y dependencia.

Esa visión encaja con el discurso más agresivo reciente de Washington. Trump ha dicho que Cuba está “in very bad shape” y que harán “something with Cuba very soon”, mientras Marco Rubio ha insistido en que la economía cubana “doesn’t work” y que el país necesita “new people in charge”. Lo que en De Castro aparece como esperanza familiar, en la Casa Blanca y el Departamento de Estado aparece como presión política abierta.

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