Vive en Arroyo Naranjo, Cuba, tiene 21 años, y encontró la solución más creativa a la peor crisis de combustible de Cuba en décadas. Yadán Pablo Espinosa, 21 años, monta talleres de paneles solares en triciclos en La Habana y su historia recorre los medios internacionales.
La Agencia EFE recoge en España la historia del joven habanero que instala paneles solares en triciclos eléctricos para sobrevivir a la crisis de combustible en Cuba.
En las avenidas de La Habana ya casi no se ven automóviles. Las gasolineras cerraron. Los autobuses no tienen combustible. Lo que circula son triciclos eléctricos — cientos de ellos — que se han convertido en el transporte de facto de la capital cubana desde que el bloqueo petrolero de Trump acabó con el último rastro de normalidad energética en la isla.
Encima de algunos de esos triciclos, desde hace menos de un mes, hay algo nuevo: paneles solares. Esta es la historia de quién los pone y cómo llegó esta semana a los periódicos de España.
El taller de Arroyo Naranjo
Yadán Pablo Espinosa tiene 21 años y vive en Arroyo Naranjo, un municipio de la periferia sur de La Habana. Cuando la crisis de combustible se agudizó con la Orden Ejecutiva de Trump firmada el 29 de enero — que impuso aranceles a cualquier país que vendiera petróleo a Cuba — Espinosa vio una oportunidad donde otros veían solo un problema. Los triciclos eléctricos que inundaron La Habana como sustituto del transporte motorizado tenían una limitación evidente: la batería. Sin electricidad suficiente en los hogares para recargarla, los triciclos quedaban varados.
La solución de Espinosa es tan sencilla como ingeniosa: instalar un panel solar como techo del triciclo. El panel, explicó a la Agencia EFE, «suministra energía constante y directa al motor del triciclo mientras está en movimiento, con ayuda de la batería. Una vez que se detiene el vehículo, la energía recibida por el panel carga la batería.» Dicho de otra manera: el sol trabaja mientras el triciclo avanza, y sigue trabajando cuando para.
Junto a su padre, tres hermanos y un amigo, Espinosa montó un taller artesanal en Arroyo Naranjo. Fabrican ellos mismos los soportes de hierro que sostienen los paneles — que funcionan también como cubierta para proteger del sol a quien conduce — y ofrecen el servicio completo de instalación. En menos de un mes han colocado más de 15 paneles con capacidad de entre 550 y 650 vatios cada uno.
Los clientes que ya no quieren volver atrás
La historia de Espinosa la contaron sus propios clientes a la EFE. Yoandis Castro tiene 47 años y se dedica al transporte de mercancías para mercados. Mientras esperaba en el taller a que le instalaran su panel, describió el resultado con cuatro palabras: «Muy bueno, porque ayuda a la carga.» Tan convencida está que ya planea ampliar su flota de triciclos eléctricos y ponerle panel solar a todos.
Orlando Muñoz, de 62 años, transporta pasajeros en la concurrida esquina de las avenidas 100 y Boyeros en La Habana. Con el panel instalado, su triciclo «tiene mayor rendimiento.» «Me ayuda a que la batería no muera y dure más la carga mientras trabajo», dijo. Para alguien que vive de las carreras, cada hora extra de autonomía se traduce directamente en ingresos.
El servicio no es barato — según Directorio Cubano, instalar un panel solar en un triciclo en Cuba puede costar hasta 800 dólares con materiales incluidos, una suma enorme en un país donde el salario promedio no llega a los 15 dólares mensuales. Pero quienes dependen del triciclo para trabajar lo consideran una inversión que se paga sola.
La historia de Yadán Pablo Espinosa fue recogida por la Agencia EFE el lunes 28 de abril y reproducida ese mismo día y el siguiente por el Diario de León, Diario Libre de República Dominicana, OnCuba News, UDG TV de México y varios medios más. El ángulo que captó la atención internacional no es nuevo — la inventiva cubana frente a la escasez lleva décadas siendo noticia — pero el contexto de 2026 le da una dimensión distinta.
Díaz-Canel reconoció en febrero que su gobierno preparaba un plan de «desabastecimiento agudo de combustible.» El país lleva meses sin importar petróleo en cantidades suficientes. Las gasolineras están cerradas. Y un joven de 21 años en Arroyo Naranjo le puso un panel solar a un triciclo y se convirtió en noticia en España.
Un invento que está por ver todavía: usar el pedaleo para generar electricidad
Pero la inventiva cubana, cuando se le da por correr, no para en el panel solar. Una pregunta técnica que surge naturalmente al ver el triciclo de Yadán es si el movimiento de pedaleo o de las ruedas podría también generar electricidad adicional mediante una bobina — un dínamo, como los que durante décadas iluminaron las bicicletas cubanas antes de que existiera otra opción. La respuesta corta es sí, es posible. La respuesta larga es más interesante.
El sistema más eficiente para lograrlo no es un dínamo clásico acoplado a la rueda — ese añade resistencia mecánica y consume más energía de la que genera — sino lo que en ingeniería se llama freno regenerativo: el mismo principio que usan los autos eléctricos como el Tesla o los híbridos como el Prius. Cuando el vehículo frena o reduce velocidad, el motor eléctrico se invierte y actúa como generador, recuperando energía cinética y devolviéndola a la batería.
En entornos urbanos con muchas paradas — exactamente el tipo de tráfico que hay en La Habana — un sistema así puede recuperar entre el 10 y el 20 por ciento de la energía consumida. Combinado con el panel solar de Yadán, el triciclo cubano tendría dos fuentes de recarga simultáneas: el sol desde arriba y las frenadas desde abajo.
Si alguien en Arroyo Naranjo logra implementar eso con piezas recicladas, probablemente vuelve a salir en los periódicos de España. Eso también es Cuba en 2026, pero de eso y lo que se pudiera hacer y cómo, hablaremos otro día
Fuente utilizada: Agencia EFE / Diario de León (29 abril 2026)
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