La historia de Zajaris Fernández es el reflejo de la resiliencia del emigrante cubano que, tras tocar fondo, logra reconstruir su vida y su carrera. Este viernes, la popular actriz y comediante celebró 17 años de haber pisado suelo estadounidense, un aniversario que aprovechó para lanzar un mensaje cargado de gratitud, política y sanación personal.
La travesía comenzó el 17 de abril de 2009. Aquella joven de 24 años que aterrizaba en Miami no traía maletas llenas de lujos, sino de sacrificios. En sus propias palabras, fue el quiebre más profundo que ha experimentado: «Un día como hoy hace 17 años, dejé 24 de vida atrás, me arranqué sueños, abandoné un matrimonio, vi por última vez a mucha gente amada».
Aquel vuelo de menos de una hora fue un viaje hacia lo desconocido, realizado «con el alma rota, con muchos miedos, dudas e incertidumbres». Incluso, la actriz recordó la angustia de no saber si sería capaz de reconocer el rostro de su padre, a quien no veía desde hacía 21 años, concluyendo que «ha sido el día hasta hoy más triste y doloroso de mi existencia».
El sueño americano no fue inmediato para la exintegrante de programas icónicos como Alegrías de Sobremesa. Antes de volver a brillar bajo los focos del Canal 41 de Miami, Zajaris enfrentó la cara más dura de la inmigración.
Trabajó como mesera y pasó noches enteras durmiendo en su propio vehículo en un estacionamiento, una etapa de supervivencia que duró siete años antes de poder retomar su pasión artística. Su integración total llegó en 2018, cuando juró como ciudadana estadounidense, un momento que celebró con sencillez: «Bueno ahora sí es oficial, soy ciudadana americana, me siento muy feliz”.
Hoy, posando con su bandera y su Certificado de Naturalización en Coconut Grove, la comediante hace un balance positivo de su evolución. Para ella, este país le otorgó la autonomía que el sistema cubano le negaba.
«Hoy después de 17 años agradezco a este gran país la oportunidad de hacerme LIBRE, más humana, aprender a poder con mi dinero hacer y lograr lo que yo quisiera sin que nadie me controlara o preguntara de dónde, cómo y para qué», escribió con orgullo. Aunque admite que el desarraigo es un proceso complejo, su postura es inamovible: «Es verdad que es duro, es triste arrancar un corazón y poner otro, pero en esta vida la libertad no tiene precio”.
Zajaris no solo ha acumulado bienes materiales como su casa, coches y el cariño de sus siete mascotas; ha logrado, sobre todo, paz mental. En un cierre directo y político, agradeció a su nación de acogida por servir de medicina contra el pasado: «Gracias Estados Unidos de América, porque cada herida que me hizo la dictadura donde Dios decidió que naciera, aquí las he sanado”.
El mensaje terminó con un anhelo de unidad para quienes aún sufren la realidad de la isla, deseando que algún día puedan sentarse a la mesa sin ausencias, sellando su post con un grito de «ABAJO LA DICTADURA» y la frase: «Hoy lloro por todo lo que no pudo ser hace 17 años, pero celebro la vida que me merezco».




















