Hasta el momento el gobierno cubano no se ha pronunciado sobre este hecho más allá de un escueto mensaje que señaló que el personal de la embajada “se encuentra bien, cumpliendo con los planes establecidos para este tipo de contingencias, con mucha disciplina, unidad y compromiso”.
Mientras el gobierno intenta proyectar una imagen de control, la población sigue enfrentando una realidad marcada por el incremento de actos violentos y una sensación de vulnerabilidad generalizada. Santiago de Cuba, junto con La Habana, lidera los índices de criminalidad en la isla, reflejando un panorama cada vez más alarmante.