El regreso de César Évora a Cuba ha vuelto a poner al actor en contacto con su país de origen, que ocupa un lugar fundamental en su historia personal y, sobre todo, en su trayectoria artística. Durante su estancia en La Habana, Évora se ha reencontrado con amigos y familiares y también con admiradores que todavía lo reconocen en las calles y distintos espacios de la ciudad.
Antes de convertirse en uno de los rostros más conocidos de la televisión mexicana, Évora construyó en Cuba una carrera que lo convirtió desde muy temprano en uno de los actores más populares de su generación.
Su presencia en el cine cubano quedó asociada a algunas películas que forman parte de la memoria audiovisual de la Isla. En «Una novia para David», dirigida por Orlando Rojas, interpretó a Miguel, uno de los personajes de una historia que se convirtió en referencia para varias generaciones de cubanos. Más tarde participó en «Un hombre de éxito», de Humberto Solás, y en «Capablanca», dirigida por Manuel Herrera, donde interpretó al legendario campeón mundial cubano de ajedrez José Raúl Capablanca.
Pero fue la televisión la que terminó de convertirlo en un rostro familiar para millones de cubanos. Su participación en el serial policíaco «Su propia guerra» disparó su popularidad. Allí interpretó a un policía que trabajaba junto al agente encubierto El Tavo, personaje interpretado por Alberto Pujol. La serie se convirtió en uno de aquellos programas televisivos que quedaron en la memoria colectiva de quienes la siguieron en Cuba.
Ese reconocimiento alcanzado en la Isla sería el punto de partida de una carrera internacional que llevaría posteriormente a Évora a México. Allí se convirtió en uno de los grandes protagonistas de las telenovelas, participando en producciones como «Pasión y prejuicio», «Corazón salvaje», «Luz Clarita», «La madrastra» y «Abrázame muy fuerte», entre muchas otras.
Sin embargo, buena parte del vínculo de Évora con el público cubano nació mucho antes de su consagración internacional. Para varias generaciones, su rostro quedó ligado a personajes del cine y la televisión producidos en Cuba en una época particularmente importante para la cultura audiovisual de la Isla.
Évora, que actualmente tiene 66 años, continúa viajando ocasionalmente a Cuba, donde conserva vínculos familiares. En declaraciones ofrecidas anteriormente también ha hablado de la experiencia de emigrar y de la transformación que ha experimentado el país.
«Me he sentido extranjero en muchas partes del mundo, y también en Cuba. Ha cambiado mucho y ya no es el lugar donde creciste. Es una sensación dura y amarga, pero es lo que siento», afirmó.
Su regreso permite, de alguna manera, reencontrar al actor internacional con aquel joven intérprete que comenzó a hacerse conocido en Cuba y que, a través de películas como «Una novia para David», «Un hombre de éxito» y «Capablanca», y de la popularidad alcanzada con «Su propia guerra», consiguió convertirse en uno de los rostros más recordados de la actuación cubana.
Después vendría México y el triunfo en las telenovelas y una carrera de varias décadas. Pero antes de todo eso estuvo su gran popularidad en Cuba.

