La centenaria fábrica Guayabita del Pinar, una joya patrimonial fundada en 1892 y única de su tipo a nivel global, ha logrado encender nuevamente sus maquinarias. Sin embargo, este aparente triunfo de la industria estatal esconde una realidad inocultable: la reactivación solo fue posible gracias a la intervención directa de la empresa privada Veneeryes. Esta mipyme se ha convertido en el soporte vital de la instalación, suministrando tanto los envases como el alcohol, insumos básicos cuya prolongada ausencia había paralizado la elaboración del tradicional licor pinareño.
Los primeros frutos de este encadenamiento productivo ya tienen destino internacional. Según información divulgada por la oficialista Agencia Cubana de Noticias (ACN), la planta logró envasar un lote de 112 cajas del emblemático licor. Este cargamento emprenderá rumbo al mercado europeo gestionado a través del polo exportador La Conchita, ubicado en la misma provincia más occidental de la Isla.
El impacto de esta asociación fue detallado por Oviamna Martínez Barrera, directora provincial de la industria alimentaria, quien precisó que el apoyo de Veneeryes fue crucial para concretar cerca de cien cajas durante 2025, a las que se suman las 112 de este año 2026. Esta inyección de recursos también permitirá destinar un porcentaje de las botellas a las tiendas recaudadoras de divisas y al deprimido mercado nacional. Sobre los tropiezos recientes, la funcionaria admitió abiertamente el bache productivo al declarar: «La producción de Guayabita del Pinar estuvo intermitente por el déficit de alcohol, ingrediente básico del gustado líquido muy demandado en Cuba y allende los mares».
Para sobrevivir a la sequía de su principal materia prima, la entidad tuvo que reinventarse temporalmente apelando a la innovación tecnológica, etapa en la cual se dedicaron a elaborar vino de guayabita y el ron Guayabero. Osmel Hernández Cejas, director de operaciones de la mipyme salvadora, explicó que la alianza estratégica fluyó primero con la Empresa de Bebidas y Refrescos y luego se extendió a la industria alimentaria, consolidando un pacto donde Veneeryes garantiza los materiales esenciales para que el producto final llegue a los estantes nacionales y foráneos. Aunque el régimen promociona estas uniones como un éxito de sus reformas, el telón de fondo refleja la incapacidad del Estado para sostener por sí mismo sus producciones más históricas.
Mientras la fábrica original lucha por mantenerse a flote en Cuba, un nuevo frente de batalla comercial se ha abierto en el norte. Desde septiembre de 2025, el empresario cubanoamericano Tony Haber introdujo en el mercado de Estados Unidos su propia variante de la Guayabita del Pinar. Este lanzamiento llegó tras siete años de arduo trabajo para registrar la marca y lograr el cultivo del fruto silvestre en tierras extranjeras. El único precedente de este tipo en Norteamérica databa de 2008, cuando la firma española Ferlura Importaciones intentó inscribir «La Occidental Guayabita del Pinar», un trámite que fue declarado en abandono en 2010. Haber dejó clara su postura y motivación con una sentencia contundente: «La Guayabita del Pinar fue destruida en Cuba y ahora la vamos a revivir en Estados Unidos».
La agonía operativa de esta planta en Pinar del Río es apenas un síntoma de una parálisis generalizada en el sector. Los números del Anuario Estadístico de Cuba 2024 evidencian el desplome: la producción de alcohol natural etílico de 96 grados sufrió una estrepitosa caída del 69.6% entre los años 2020 y 2024, pasando de 572,700 a escasos 173,900 hectolitros. A pesar de este panorama sombrío, las cifras oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) mostraron un leve repunte en 2025, alcanzando los 183,800 hectolitros de alcohol y registrando un crecimiento del 11.7% en la fabricación de bebidas alcohólicas, excluyendo los vinos, marcando un tímido respiro para una industria sedienta de inversiones reales.

























