Arrancó la distribución de leche donada en Cuba, pero la pregunta real sigue sin respuesta: ¿cuándo podrá el gobierno alimentar a los suyos? La Habana inicia distribución de 760 toneladas de leche en polvo enviadas por México y Uruguay
La leche llegó desde México y Uruguay. La distribuyó el Estado cubano en 52 bodegas del municipio Cotorro, en La Habana. Son 760 toneladas de leche descremada en polvo destinadas a 264,000 niños y embarazadas en toda la isla. Cada cargamento de este tipo plantea la misma pregunta sin respuesta oficial: cuándo podrá el gobierno cubano alimentar a su población con sus propios recursos.
La distribución arranca en Cotorro con 10 toneladas iniciales
La entrega comenzó el sábado en bodegas del municipio Cotorro, en La Habana, con 10.4 toneladas repartidas en 52 puntos de distribución. El cargamento total asciende a 760 toneladas de leche descremada en polvo, cuya extracción del puerto de La Habana requirió un operativo de trabajo casi continuo según funcionarios del sector lácteo. En las próximas horas comenzarán los envíos hacia el resto del país.
El producto está destinado a niños de entre uno y seis años y a embarazadas, y se distribuirá a través de la libreta de abastecimiento. Según Dayadna Fernández Columbié, directora adjunta de la Empresa Complejo Lácteo de La Habana, la distribución también beneficiará a hospitales pediátricos y círculos infantiles. En total, el donativo alcanzará a 264,000 niños en toda Cuba.
El donativo de México y Uruguay no es un hecho aislado. En lo que va de 2026, Cuba ha recibido ayuda alimentaria y humanitaria de múltiples países de forma casi ininterrumpida. Italia envió dos convoyes con medicamentos, alimentos y paneles solares. Colombia fletó un avión con insumos médicos desde Bogotá. La Iglesia Católica distribuyó suministros enviados desde Estados Unidos. Argentina y la Unión Europea también aportaron recursos en distintos momentos del año.
El embajador uruguayo en Cuba, Juan Andrés Canessa Franco, ratificó en el acto la disposición de su gobierno a continuar los envíos, e indicó que Uruguay estudia además el envío de componentes para parques fotovoltaicos y repuestos para termoeléctricas. La operación logística fue coordinada entre los gobiernos de Uruguay y México, bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, que lleva meses organizando envíos humanitarios a la isla.
Cuba atraviesa la peor crisis alimentaria y energética en décadas. La pérdida del suministro de petróleo venezolano —entre 25,000 y 35,000 barriles diarios— tras la captura de Nicolás Maduro, sumada a la posterior suspensión de los envíos mexicanos de crudo, dejó a la isla con apagones de hasta 25 horas diarias y una economía en caída libre. El PIB cubano se proyecta con una contracción de 7.2% para 2026.
La frecuencia de los envíos internacionales expone lo que el gobierno no reconoce públicamente: el Estado no puede producir ni importar, con sus propios recursos, alimentos básicos para la población. Cuba tiene tierra fértil y costa en dos mares, pero su producción agrícola lleva décadas sin alcanzar para abastecer a sus propios ciudadanos debido a la gestión centralizada, los precios que desincentivan al productor y un sistema de distribución que no funciona. Cada semana llega un barco o un avión con lo que el Estado cubano no puede garantizar por sus propios medios.
No todos los donativos anteriores llegaron libre y completamente a sus destinatarios. Una investigación de TV Azteca documentó que parte de los alimentos enviados desde México terminó en tiendas estatales cubanas a la venta en lugar de distribuirse gratuitamente. En localidades como Güira de Melena, vecinos reportaron entregas mínimas pese a las promesas oficiales.
El gobierno distribuye la ayuda a través del Ministerio de Comercio Interior y la libreta de abastecimiento, pero la cobertura efectiva es ampliamente cuestionada por la población. Las redes sociales registran constantemente testimonios de ciudadanos que no reciben los productos prometidos o que los encuentran después en mercados informales a precios elevados. La transparencia en el manejo de estos donativos sigue siendo una deuda pendiente del régimen cubano con su propia población.



















