A cinco años del 11J: El día que el pueblo de Cuba despertó para no volver a dormir

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Recuerdo como si fuera ayer cuando anunciaron que iban a lanzar en Cuba una edición de 1984 de George Orwell; me pareció hasta disidente pensar que se podía publicar un título así precisamente en la isla, hasta que leí el prólogo. Era, básicamente, un «por favor, por favor, no compares esta realidad con este país», cosa bastante difícil.

En ese momento pensaba que estábamos a años luz de poder vivir una rebelión, un golpe de realidad que nos sacara de aquel letargo. Porque por mucho que la crisis siguiera en aumento, había algo que no cesaba: la fuerza de la Seguridad del Estado, que a pesar de todas las carencias parecía que nunca se debilitaba y, mientras peor era la situación, más duro actuaba.

Fue en la etapa post-COVID. En ese momento, quizás, ni nos llegábamos a imaginar hasta qué punto podía escalar la crisis, aunque ya enfrentábamos la cruda realidad de que nunca podíamos decir que las cosas no podían ser peores, porque siempre se cumplía.

Ese 11 de julio de 2021 algo distinto sucedió: la gente se cansó. Pero no se cansó al punto de que le bastara solamente con criticar bajito con el vecino para que nadie más la escuchara por miedo al “chivatón” de turno; se cansó porque entendía que no podía haber mejora sin un cambio total, un cambio de gobierno y de sistema.

Ese 11 de julio fue histórico. Ese 11 de julio las personas, el pueblo, salieron a pedir libertad y lo que se encontraron fue la declaración de guerra de un líder autoritario que tiene la poca vergüenza de continuar en el poder y de seguir pidiendo que resistan a todo.

Ese 11 de julio a las personas no les importaron las reprimendas; habían llegado al punto en el que necesitaban ver un cambio real, y no las promesas vacías de las altas esferas que proclamaban que todos somos iguales, cuando sus barrigas (cada día más voluminosas) daban a entender todo lo contrario.

Hoy han pasado cinco años de ese momento y, lamentablemente, Cuba está viviendo la peor crisis de su historia. Su pueblo sobrevive a duras penas con unas escasas dos horas de luz cada cuarenta horas para los más afortunados, caídas constantes del SEN y teniendo que utilizar cualquier tipo de envase si quieren conservar algo de agua.

Hoy han pasado cinco años y vimos la “liberación” de Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo. Pero justamente ahí se le nota el miedo a la cúpula; no se puede llamar ni siquiera excarcelación cuando los dos activistas siguen en paradero desconocido. ¡Qué casualidad que ocurra durante el quinto aniversario de esta fecha! Y haciendo otro gran paréntesis, aún siguen habiendo más de 1300 presos políticos, a esos, tampoco hay que olvidarlos.

Hoy han pasado cinco años de ese momento y me niego a pensar que algo no ha cambiado. Una dictadura no cae fácil, y mucho menos cuando ha tenido más de sesenta años para asentarse y controlar todos los estratos de la sociedad. Sin embargo, hay una diferencia muy grande: el pueblo está cansado, sigue cansado, y las protestas desde ese momento no han cesado.

Hoy no se celebra nada, pero se celebra todo; hoy tenemos que ir con la cabeza muy alta mientras el régimen continúa dando sus últimos pasos, ya en desesperación. Hoy es el aniversario de cuando el pueblo despertó y nunca más se durmió.

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