Raúl Borges Álvarez murió en La Habana a los 86 años, después de pasar más de un mes hospitalizado en La Covadonga. Su fallecimiento fue confirmado por Mari Paz Martínez Nieto, presidenta de la Asociación para la Paz Continental (ASOPAZCO), organización con la que mantuvo durante años una estrecha comunicación.
La salud de Borges se había deteriorado considerablemente en los últimos meses. Según Martínez Nieto, la falta de medicamentos y recursos básicos complicó su atención médica. «No había manera de conseguir gasas, no había manera de conseguir el antibiótico que necesitaba», denunció. Los prolongados cortes eléctricos también afectaban su tratamiento: «Los apagones de luz le dejaban sin el respirador que necesitaba».
El opositor había recibido anteriormente atención médica en España gracias a gestiones de ASOPAZCO. El viaje humanitario ocurrió unos 16 años antes de su muerte y permitió que fuera sometido a una operación cardíaca en la que le sustituyeron una válvula y le colocaron cuatro stents.
Para Martínez Nieto, los últimos días de Borges estuvieron marcados por el esfuerzo de familiares y allegados para conseguir que recibiera cuidados adecuados. Lo definió como «una lucha sin cuartel para proporcionarle un mínimo, mínimo bienestar».
Pero su nombre estuvo ligado durante décadas a otra batalla: la libertad de su hijo, Ernesto Borges Pérez. El opositor convirtió ese reclamo en una causa permanente y, desde su posición como presidente del Partido por la Unidad Democrática Cristiana de Cuba, buscó apoyo dentro y fuera de la isla.
Ernesto Borges fue detenido en 1998 cuando era capitán de la Dirección de Contrainteligencia del MININT. Las autoridades cubanas lo acusaron de espionaje en grado de tentativa después de que intentara entregar a diplomáticos estadounidenses una relación de agentes cubanos. La condena inicial fue de muerte, posteriormente cambiada por 30 años de prisión.
Su excarcelación finalmente llegó el 24 de abril de 2025, después de casi 27 años tras las rejas. La noticia fue comunicada por su propio padre, quien entonces expresó: «Estamos muy felices de tener a mi hijo en casa». También lamentó que la madre de Ernesto hubiera muerto sin llegar a verlo en libertad.
El reencuentro entre ambos ocurrió cuando Raúl ya enfrentaba graves problemas de salud. «El día de la salida fue un día de fiesta porque Raúl ya estaba muy enfermo», recordó Martínez Nieto. Según su relato, aquel momento «fue como un revivir para celebrar».
Durante años, Borges también mantuvo informada a ASOPAZCO sobre la situación de otros presos políticos. Martínez Nieto explicó que recibía periódicamente sus testimonios y los utilizaba como parte de la documentación de la organización. «Él es el que me mandaba los reportes de cómo se encontraba, qué es lo que pasaba de él y de todos los que estaban en la prisión en aquellos momentos, junto con su hijo», relató desde Madrid.
Aquellos mensajes llegaron a ser conocidos dentro de la organización como «las crónicas de Raúl». Además de enviar información, Borges realizó gestiones con representantes de la Iglesia y funcionarios estadounidenses para mantener visible la situación de los encarcelados.
Con su muerte desaparece una de las voces que durante años mantuvieron públicamente el reclamo por la libertad de los presos políticos cubanos, una lucha que en su caso estuvo marcada especialmente por los casi 27 años que su hijo permaneció en prisión.

